La primera parte de la Trilogía de la Glaciación presenta un tema que será recurrente en Haneke: el deterioro progresivo y sin razón aparente de un grupo de personas, en este caso una familia común de clase media. La originalidad de este filme radica en que tal desintegración se muestra mediante un enfoque casi obsesivo en los detalles cotidianos. La repetición de imágenes y acciones transmite con insólita eficacia la ausencia de alegría o significado en la vida de los personajes, hasta llegar a un final tan atroz como sorpresivo.