Tras leer varios artículos sobre niños salvajes,
Truffaut se interesó por la historia real de Victor de l'Aveyron, misma que adaptó basándose en los diarios del profesor Itard, quien se hizo cargo del niño salvaje para educarlo e insertarlo en la sociedad. Mediante un estilo documental, Truffaut, quien en el filme da vida a Itard, vuelve a abordar -como lo hiciera en
Los 400 golpes- el tema de la infancia, para contrastar la ingenuidad del ser humano en estado natural frente a la corrupción de la civilización.