El artista estadounidense Bob Dylan visitó México después de 17 años de no hacerlo. Con dos presentaciones en el Auditorio Nacional este fin de semana reuniendo a unas 20,000 personas. Vestido con un traje negro y con su característico sombrero, el artista de 66 años abrió el concierto con el tema "Rainy Day Women". "¡Gracias México!", fueron sus únicas palabras en español.
El cantante y poeta, Premio Príncipe de Asturias de las Artes 2007, se presentó sin pantallas gigantes, sin grandes escenografías, acompañado solo por su banda y deleito a los presentes con temas de sus tres discos más recientes, “Modern Times” (2006), “Love and Theft” (2002) y “Time out of mind” (1997), que los especialistas califican como los mejores.
El artista continuará en Monterrey (norte) el día 29 y en Guadalajara (oeste) el 2 de marzo. Tras ello, el cantante se marchará a Brasil para actuar dos veces en San Pablo (3 y 6) y otra en Río de Janeiro (8).
Más tarde, Dylan pondrá rumbo a Santiago de Chile (11), Córdoba (13) y Buenos Aires (15) en Argentina, y, como colofón, Punta del Este (20) en Uruguay.
Del concierto de Bob Dylan, me encantaría escribir una reseña… espero poder hacerla antes de que las sensaciones se diluyan. Pero a reserva de hacerlo, para mí fue un evento más allá de toda expectativa… imperdible. No me importó que el tráfico estuviera imposible y que tuviera que dejar el coche como a 3 kilómetros del auditorio. Este tío es un verdadero personaje, un personaje en toda la extensión de la palabra. Nada de aplauso gratuito, nada de ganarse al publico con zarandajas como “estoi mouy feliz dstar in Mécsicou”. Vamos, ni se molestaba en decir “thank you”. Pero en su música puedes intuir algo completamente auténtico, íntegro; algo que comienza como una percepción y te envuelve y te atrapa y es capaz de producir sensaciones que solo se viven cuando eres adolescente, idealista y romántico (al estilo Poe, por supuesto). El concierto cerró con Blowing in the Wind… pero en una versión en extremo poco parecida a la que conocemos… una versión tal vez motivada por su propia desilusión… o por la poca voz que le queda.
Gregorio Indjeian, Febrero 2008.