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ENTRE LINEAS Y NOTAS Biosstars

Entre líneas y notas, artículos sobre libros, reseñas, poesía, efemérides y demás. Por: Alejandro Herrera Parra, colaborador de Biosstars International

jueves 11 de marzo de 2010

AVATAR: SOBERBIO FESTÍN VISUAL

Resulta en verdad toda una alucinación visual y plástica la más reciente de las cintas cinematográficas de James Cameron.
Antes que nada me resulta una formidable crítica sarcástica y descarada sobre la deleznable manera en la cual se manejan los gobiernos norteamericanos, armando y pretextando guerras por todo el mundo a diestra y siniestra. Pese a quien le pese, y cueste lo que cueste.
Desde los acentos (parecen patos graznando) de los actores gringos, hasta las actitudes de marines con musculitos fornidos y tatuados, y con cabellitos rubios a rape. Los nombres de las naves aluden a esta belicosa sociedad con gran descaro: Bravo I, Bravo II, Depredador, entre otras absurdas etiquetas.
El caso es que uno nunca deja de ubicar a los gringos atacando -en este caso un planeta llamado Pandora– más que imaginarnos que son legiones de soldados terrícolas.
Hay escenas de marines bajando de helicópteros, que nos remiten de inmediato a las no tan distantes atrocidades de Vietnam, Irak, Irán y Afganistán.

Ahora bien, el argumento, más allá de sus méritos literarios -que aunque pocos, sí los tiene- es un mosaico multicolor de historias que siempre hemos deseado volver a escuchar y ver: Por un lado la historia inolvidable de Pokahontas con ese enfrentamiento ineludible de dos culturas y civilizaciones antagónicas, en el cual, no precisamente los que consideramos civilizados, en verdad lo son; por otro lado, alusiones al Señor de los Anillos (principalmente en el lenguaje que bien pudo haber sido inventado por el propio Tolkien) y las alianzas de las tribus y clanes para establecer un frente común y acabar con la amenaza externa.

Pero por encima de todo esto, que no resulta poco, hay un mensaje de preservación y mejora de vida y valores. A saber; preservar el lugar donde se nació y se vive; mantener las tradiciones ancestrales que sustentan el quehacer existencial de cada habitante del planeta; asumir el respeto al medio ambiente; concientizar el respeto entre los que conforman una sociedad determinada, en fin, se pueden esgrimir una buena cantidad de referencias aplicables a nuestras desquiciadas sociedades actuales, bajo la lupa de esta cinta preciosista.
Gráficamente la cinta es un derroche de creatividad y sabiduría estilística inigualables. Considero que esa década que le tomó a Cameron crear su enorme fresco visual, se ve recompensada con creces en cada uno de los millones de asistentes a las salas cinematográficas que salimos con un gratísimo sabor de boca, y con la cabeza en plena ebullición de ideas y cuestionamientos.

Y aquí no deseo hablar del Oscar (si se lee mi anterior artículo en el cual se habla de este magno y fatuo evento) se apreciará que con toda intención no mencioné a la cinta Avatar más allá de lo necesario. Élla merecía un artículo aparte, independiente, en el cual se pudiera uno explayar para describir tantas metáforas visuales y connotaciones diversas.

Pero vayamos por partes:
La historia ha sido por demás criticada por buena parte de las personas que han visto la cinta. No voy a argumentar nada. Concedo cierta razón en estos juicios. Pero lo verdaderamente significativo, no son los lugares comunes de casi TODAS las historias-argumentos: el amor, el desamor, la envidia, la destrucción, el sexo, el ansia del poder y el dinero, lo beligerante de la vida… En este caso, e insisto, es el manjar visual al que uno se enfrenta -sobre todo en 3D- cuando nuestros ojos y sentidos recorren lugares, vuelos, cabalgatas, persecuciones, huidas, encuentros, destrucciones, entre otras atmósferas que se suscitan en la cinta.

Quiero reconocer que hasta cierto punto me dio gusto que Avatar no ganara los Oscar a la mejor película y al mejor director. Me resultó nada extraña la decisión de estos afanosos gringos promoviendo su país y su particular y engañosa política a como dé lugar.
Y aunque la película ganadora me agrada (The hurt locker), no dejo de reconocer que estoy harto de estos temas que involucran a la guerra y sus multifacéticas caras ojerosas y dolientes. Es cierto que Avatar se sustenta por la guerra y sus consecuencias, pero el tratamiento espacio-tiempo-lugar es diferente.
Con relación a la cinta musical de James Horne -espléndida hasta la última nota- retrata de manera elocuente y eficaz, esa atmósfera tribal primigenia de la que está teñida toda la cinta.
El trabajo de animación por computadoras es en verdad inenarrable. Me faltan adjetivos para poder acercarme al esfuerzo, imaginación y habilidad para lograr los resultados obtenidos en la susodicha película.

Casi por último, vaya mi total reconocimiento y admiración a todo el equipo que trabajara bajo la dirección del experimentado y preciosista James Cameron, por haber logrado esta película (el término cinta acaba por complacerme muy poco), y por hacer posible que uno literalmente se pierda en otro tiempo y dimensión en busca de las preguntas cartesianas capitales que le dan sentido -a la fecha- al devenir existencial y filosófico de nuestra especie. La película, en sí misma, vale infinitamente más que esta codiciada y ramplona figurilla que ha sido sacralizada y valorada por sus consideraciones eminentemente monetarias y financieras.
No en vano es una feria y premio gringos.

Recomendación final: imposible no ver Avatar.

Alejandro Herrera Parra
México, D.F. Marzo 11 del 2010.

lunes 8 de marzo de 2010

LA FERIA DE LAS VANIDADES


Hemos presenciado una emisión más de lo que cada vez se convierte en un evento multifrívolo, farsante y pretensioso. 100% made in USA.

¿Habrán imaginado los creadores de esto que llamamos séptimo arte, desmadres tan sofisticadamente acartonados y pueriles? Esto sólo puede pasar en los Estados Unidos de Norteamérica. Y ante este hecho en verdad contundente me pregunto: ¿qué no han inventado, comprado y apropiado los siempre insatisfechos gringos? Una cosa sí hay que reconocerles a todas luces, que todo este carnaval farandulezco lo organizan a la perfección.
Desde la abominable pasarela de la alfombra roja, en la cual todas las barbies y los barbies desfilan con sus mejores galas (prendas que cuestan millones de dólares; eso sí, algunas y algunos de ellos, cuando sucede alguna calamidad, se presentan al lugar en cuestión preocupadísimos y consternados para que en qué pueden ayudar, o adoptan niños de varias partes del mundo como si fueran mascotas), y todos ellos y ellas - aunque suene como nuestro ínclito ex presidente - lanzan tiernísimas y coquetas miradas de inocencia y humildad hacia las cámaras y por ende a millones de personas en todo el mundo. Sí, porque la pendejez es global, inmediatizada y en vivo.

A mí me tocó vivir varias veces un acto de estupidez semejante en los Festivales de Salzburgo, cuando los salzburgueses - a quienes yo consideraba inteligentes y de buen gusto sólo por el hecho de ser paisanos de Mozart, Schubert y Mahler - se daban cita a las afueras de las salas de conciertos no para ver llegar a los compositores, directores de orquesta o músicos en general; sino para ver arribar en lujosísimos automóviles (algunos literalmente en carruajes) a la frívola y engoma clase alta que acudía a los eventos artísticos sin ninguna referencia ni conocimiento musicales, y sólo como una ocasión privilegiada e insustituible para mostrar sus cuerpos bronceados y sus mejores joyas y prendas.
Por lo menos en esta entrega de los Oscar, los aludidos son los responsables.

Esta emisión del Oscar 2010, no dejó mucho de qué hablar ni para bien ni para mal. Fue otro evento mercadológico profusamente organizado y multimillonariamente comercializado. Ahí está el detalle, diría nuestro extinto Chaplin azteca. Business is business. No hay más. Porque si algo caracteriza al efectista, chantajista y propagandista cine gringo, es justamente eso: negocio, dinero, publicidad. Al diablo los guiones profundos y humanos, al diablo también las historias en las que no aparezcan bellos cuerpos, golpes, explosiones, mansiones, marcas patrocinadoras y, hasta el cansancio, la banderita de barras y estrellas promoviendo al país mismo.

Pero vayamos a los detalles de la gran nochecita. De entrada, el bufón-payaso canoso que ya no hace reír ni a sus familiares (prototipo perfecto del gringo simplón, papanatas y predecible), con sus chistesitos ramplones. Creo, así mismo, que preferimos a Alec Baldwin de macho brabucón, que de comparsa de payaso. En fin, hay que familiarizarse con ese tan simpático y característico humor gringo…
En cuanto al escenario, me resultó bastante agradable y discreto. Y sin ser tendencioso, me recordó el árbol del planeta Pandora de la premiada cinta Avatar. El caso es que lució discreto y elegante, al igual que algunas luminarias modernas y circulares.
Ver al ahora viejo James Taylor cantando una de las mejores composiciones del celebérrimo cuarteto de Liverpool, los Beatles, en honor a la gente que se nos ha adelantado al infierno o al paraíso, fue un momento intenso y por demás logrado. El talento del canta-autor norteamericano resulta incuestionable. Ni qué decir de los espléndidos bailarines que surcaron los aires y se revolcaron por los suelos con movimientos perfectamente coordinados y de enorme expresión artística.

Con relación a los premios, me dio bastante gusto - lo siento por los millones de misóginos de todo el mundo - que una mujer (Kathryn Bigelow) ganara el Oscar como mejor directora. Y vaya que la terna - de cinco - estaba harto peliaguda. Muy bien por la Bigelow y su impecable trabajo en la cinta que creo, dio la sorpresa de la noche: The Hurt Locker.
También me dio demasiado gusto que la espléndida actuación de Jeff Bridges en la cinta Crazy Heart, se llevara el Oscar como mejor actor protagónico. Y aquí quiero señalar el doble merecimiento: uno como persona, y otro como actor.
Lo que sí me resulta todavía muy cuestionable - por su calidad y crítica - es que este festival cinematográfico tenga a personajes nominados como Penélope Cruz, Sandra Bullock – quien además ganara el Oscar como mejor actriz protagónica con la cinta The blind side -, y el snob insufrible de Tarantino con esa pseudo espontaneidad lamentable y fingida, que no deja de asomar a cada momento en su desafortunada cinta de caza nazis.
Con todo respeto (o sin él) estos artistas no merecen estar en los más altos niveles. Pero claro, si nos ponemos a pensar que es la entrega del Oscar en los Angeles, CA., y que los intereses comerciales, políticos y todos los que usted desee imaginar juegan un papel primordial, bueno, pues esto es normal que suceda año tras año. Y deseo aclarar que no tengo nada en contra de la temperamental Bullock, a quien en algunas películas recientes la he visto trabajar con profesionalismo y franca disciplina.

Aunque no profeso la frase célebre de Simón Bolívar: “América para los americanos”, tendré que ver la cinta argentina El secreto de sus ojos, para ver de qué está hecha película al ser galardonada como la mejor cinta extranjera.
Merecido el premio como actriz de reparto a la morena Mo´Nique por su extraordinaria actuación en la película Precious.
Sin duda alguna, la película Up, resulta ser una verdadera maravilla que se disfruta de principio a fin. También merecido el Oscar como mejor película animada. Aunque con relación a la cinta sonora de esta película, con todo respeto a Michael Giacchino, su partitura no resulta en verdad superior que las de Zimman o Horne. En fin, dicen que todo es relativo o subjetivo.
Algo que me resultó en verdad triste y lamentable por lo agringado del asunto, es el hecho de ver a diez actores hablar maravillas del actor o actriz que estaban presentando para las nominaciones a mejores protagónicos, lanzando adjetivos que ni la misma Madre Teresa de Calcuta merecería, y que cuando éllas y éllos mismos se percataron que no ganaron el tan preciado galardón, lanzaron unas jetas de sincera envidia, enojo y coraje a los que sí lo lograron. Vaya hipocresía, vaya farsa maquillada y emperifollada. Literalmente, vaya actuación.

Pero ya es hora de terminar. Sigamos, cada quien desde su particular espacio, tiempo y emoción, con el show a lo largo de este 2010 y veamos qué nos deparan los artistas involucrados con esta multimillonaria empresa de la cinematografía, porque siempre, siempre, siempre, the show must go on...

Alejandro Herrera Parra
Tlalpan, México, D.F. 08 marzo 2010.

sábado 6 de febrero de 2010

Cuento Corto

Por: Alejandro Herrera Parra

Y…

Todo era silencio.
Un hiriente silencio cínico y monótono.

Con grandes esfuerzos intenté desesperadamente vencerlo.
Mi fatigado cuerpo de toda una vida hacía todo lo posible para lograrlo pero le resultaba bastante difícil.
Esto producía un molesto estado de ansiedad y una persistencia quizá inútiles; pero algo me decía - siempre nos justificamos así - que tenía que insistir.
Después de una serie de grandes esfuerzos cedió.
Había luz.
Ruidos.
Movimiento.
Traté de recordar los hechos pero los recuerdos se agolpaban en mi cabeza sin orden.
Me incorporé lentamente de aquella silla que tantos años me había mecido. Notaba resignado mi vejez y mi apoyo - el único - era un bastón de hueso que me regalara uno de mis hijos. Los mismos que en tantas ocasiones me asediaban hasta que sin otro remedio les tenía que contar cualquier cuento o historia, la mayoría de las veces inventada por mí, para que finalmente se durmieran.
Pronto me di cuenta que necesitaría un bastón o cualquier objeto para facilitar mis movimientos. Pero el aire en las mañanas era fascinante y me llenaba de jovialidad y de un ridículo entusiasmo.
Creo que esto ayudaba en parte a no sentir en su totalidad el peso de la escopeta, ni la precipitada carrera del caballo tras los perros cada vez que rastreaban algo.
El tablero me desesperaba junto con la inmovilidad de las piezas que esperaban la lenta y estudiada jugada entre cuadros claros y obscuros.
En ocasiones los dedos corrían con tanta libertad por todo el teclado, con fallas en realmente pocas notas y pasajes. Siempre quise tocarla bien de principio a fin, pero era una pieza difícil que requería tiempo, práctica y mucha técnica.
La campana del despertador sonaba como todos los días a las seis de la mañana.
Me daba pena despertarla.
Comenzaba siempre igual otro día. Un baño rápido, un desayuno a medias y frío, escasez de tiempo, nervios, una tarjeta que registraba la hora de entrada y de la salida, ocho interminables horas, y llegar, por fin, a leer un poco y a dormir.
Tenía que hacerlo. Tenía que leer varios libros para presentar mi tesis. La idea me llenaba de ilusiones para el futuro.
Un empleo bien remunerado, casarme, una casa confortable y no sé qué más.
Sentía el calor de su cuerpo junto al mío. Su pulso, el sudor que nos delataba en ese pequeño cuarto sin luz repleto de alientos, dudas, deseos.
Un diálogo de caricias y un cierto temor de ser alguien; de encerrarse en el baño y sentirse cada vez más solitario, anónimo; de enfrentarse consigo mismo.

Y la enorme alegría de ganar en el fut de la calle y de festejar el triunfo en la tienda de la esquina con los amigos y tomar refrescos.
Y cada vez que pasaban los meses crecía el interés y el gusto, después de todo un año, de poder levantarse en la mañana y mirar, con gran expectativa y curiosidad, el ansiado regalo navideño que tanto trabajo nos costaba merecer.
Recuerdo que cierto día le regalé a mamá una rata de plástico que le agradó mucho.
También recuerdo, con dificultad, que andaba por la casa haciendo travesuras y que mis padres me regañaban.
Que al poder por fin andar a gatas me dirigía a…
Los padres, por las noches, tenían mucho cuidado de no despertarlo porque tenía el sueño muy ligero.
Tenían de él muchas esperanzas.

Se escucharon por fin los primeros llantos.
La madre sonrió aguantando aquellas dolorosas contracciones en su vientre.
¿Qué será?
¿Qué sería?
Se preguntaba la madre tratando de ahuyentar el dolor para darse fuerza y ánimo.
¿Qué sería?

En la sala, todo era silencio…

martes 8 de diciembre de 2009

LA FERIA DEL LIBRO 2009


LA FIL GUADALAJARA 2009
(MÁS DE LO MISMO)

Por Alejandro Herrera Parra

Una vez más, todos los que acudimos puntualmente nos regodeamos con el enorme mosaico que propicia y genera la Feria Internacional del Libro (FIL), acaecida en la hermosa ciudad de Guadalajara, Jalisco. En esta ocasión, el invitado de honor fue la ciudad de Los Ángeles, California.
En dicha Feria, suceden un sin fin de eventos que, si somos gentiles y tolerantes, pueden etiquetarse bajo la etiqueta de “culturales”.
Los hay de todo tipo: Político, social, académico, comercial, religioso, sexual, por sólo citar algunos.

Políticos: Todavía no alcanzo a entender, más bien no deseo aceptar que este escenario -el cual se jacta de ser cultural al cien por cierto- incluya cada año a políticos oportunistas quienes más bien están demasiado alejados de la cultura y la difusión de ésta. Por lo menos de la cultura impresa y aquella que se difunde a través de los libros y revistas.
En esta emisión de la FIL me refiero a los dos jóvenes ojiclaros que pretenden, a como dé lugar, la silla presidencial: Peña Nietro y Ebrard. Como ya nos resulta más que evidente hasta la saciedad la estrategia que estos ínclitos funcionarios utilizan, si aparece uno esgrimiendo sus ideales y promesas, el otro no puede dejar de hacer el quite y aparecer para contrarrestar el mensaje de su homólogo.
Desafortunadamente existe demasiada gente a la que le gusta este tipo de eventos políticos, porque considera que le dan prestancia y jerarquía a toda la Feria. A mí me siguen resultando unos actos acartonados, ramplones y oportunistas para seguir enajenando a las personas y tratar, por todos los medios posibles, de ganar votos para el 2012 y la toma de posesión de la silla grande.

También están los ineludibles eventos intelectualizados hasta el hartazgo y límite, en los cuales un grupo de dinosaurios de la cultura-letras-artes, se dignan presentarse ante grandes parvadas de jóvenes, estudiantes incautos e inocentones, y un buen número de lambiscones sin remedio.
Figurones amanerados y grandilocuentes que continúan iluminándonos con su inmensa sabiduría y grandeza… entre bostezos, sopor y grandilocuencia fingida.

Así mismo está el rubro de todas las editoriales nacionales e internacionales que le dan verdadera forma y sentido a esta reconocida Feria (la segunda más importante en el mundo, después de la de Frankfurt), a través de sus particulares estrategias comerciales, stands y apuestas editoriales. Resulta un verdadero regocijo pasearse a través de los pasillos y contemplar una multitud de stands con decenas de ofertas literarias de primer nivel; las novedades, los clásicos que por derecho propio siguen siendo best sellers, las tendencias editoriales del momento (actualmente, después de los vampiros y hombres lobos, son los zombis), los escritores a los que se les da merecido reconocimiento reeditando gran parte de su obra, a los autores noveles que presagian éxitos y trascendencia, y también a las ineludibles y bellas edecanes que le dan ese toque erótico y estético a toda la Feria.

No menos importante son las negociaciones que como editor se pueden lograr en este escenario de libros y revistas. Ofertas, propuestas, estrategias, convenios, pactos y proyectos que verán la luz el próximo 2010, en las miles de librerías que afortunadamente pueblan el mundo entero.

Sigue siendo toda una tradición (más bien snob) que el día lunes por la noche, se den cita autores, editores, persona de librerías y demás invitados, para bailar y desfogar stress, fatiga y anhelos, en el bar Veracruz, ubicado cerca del centro de la Ciudad de Guadalajara. Bajo los sones de la música caribeña, salsa, merengue, danzón, tropical y subgéneros similares, el sudor, el alcohol, el baile y las perspectivas de pasar la noche calientita con alguien, se evidencian hasta altas horas de la madrugada.

Otro aspecto que deleita por su promesa vivificante, es ver a cientos y cientos de niños y jóvenes en busca de su autor y obra predilectos.
Los que van por la saga vampírica, los que arrastran las glorias de los Templarios, los que siguen descifrando a su manera la ley de la atracción, los otros que inician bajo el mundo zombi, y los que no pueden dejar a los verdaderos clásicos a través de sus descomunales obras inmortales.

El caso es que la FIL, pese a los oportunismos politicoides, a los insufribles intelectualoides cansados y predecibles, a la carestía de los libros, a los arreglos comerciales no tan impolutos, y a los deleznables niveles de lectura que como país poseemos en el mundo, seguirá siendo una semana divertida, variada y cargada de emociones variopintas que van desde las ideas más sublimes, hasta los cachondeos más guarros, haciendo homenaje a los españoles con su ingenioso término.

martes 27 de octubre de 2009

¡HOLA FELICIDAD!


Un hombre feliz,
es un hombre hueco.
Eric Wilson


No resulta exagerado mencionar que la Felicidad representa la ansiada búsqueda primordial de casi todos los seres humanos a través de su contrastado y accidentado devenir histórico.
El filósofo alemán Georg F. Hegel lo expresó de esta manera: “La Historia debe considerarse desde la perspectiva de la búsqueda y obtención de la Felicidad”.


Por su parte, cada cultura clásica aportó sus consideraciones y acciones en torno a la Felicidad. Cada una lo hizo bajo sus necesidades propias y dependiendo de sus intereses particulares. Por ello resulta tan difícil tratar de hablar de esa Felicidad, la felicidad. Un recorrido histórico, por breve que resulte, nos dará una visión más completa y detallada.
Para la irrepetible cultura griega clásica (siglo V a. C.) los seres humanos estaban capacitados y determinados para influir sobre sus propios destinos gracias a sus particulares acciones. La Felicidad no era una bendición de los Dioses, ajena a su voluntad y albedrío; más bien era algo que se tenía que trabajar y encontrar a través de su conducta de mortales. Los griegos mostraron una gran suficiencia para gobernarse a sí mismos. Esa es una de las grandes diferencias de esta esplendorosa cultura que tanto aportó a las culturas venideras.


La edad de Pericles representa para nosotros, hombres pertenecientes a las sociedades desquiciadas del siglo XXI, un perfecto ejemplo a seguir: una sociedad que se estableció con equilibrio y mesura. Atenas, la gran ciudad griega de la época clásica, resume lo que nuestras tecnificadas y sofisticadas sociedades desconocen; el ineludible balance entre el trabajo eficiente, los placeres y las distracciones que aligeran, refrescan y enriquecen al espíritu.
Para Sócrates, la Felicidad era una parte primordial de la existencia y está al alcance de las personas. Depende de nosotros y sólo de nosotros el obtenerla. A partir de este juicio socrático, varios siglos de historia han sido testigos de esa afanosa búsqueda de la Felicidad que ha llegado a obsesionar a las personas a través de conductas patológicas, medios fuera de la ley, y caminos malsanos y destructivos que atentan contra la salud mental y psíquica. Para el dramaturgo Aristófanes, “La Felicidad de los seres humanos se haya en encontrar el éxito a través de la búsqueda del amor”. Para el filósofo Aristóteles, en cambio, la Felicidad debe ser una de las metas de toda actividad humana. Para él, la Felicidad representa el bien supremo en el arte de la vida; el bien al servicio del cual dependen todos los demás, el fin absoluto y completo. A partir de él y sus brillantes enseñanzas, la Felicidad habrá de constituir, aún en nuestros días, la preocupación filosófica predominante, el fin último de la existencia.

Con la pragmática y eficiente cultura romana acontece algo peculiar con respecto a la Felicidad. Desde su nombre -Roma- se puede vislumbrar poder y prosperidad, grandeza y gloria, majestad y fuerza. Cultura de marcados contrastes, no podía estar ajena a la Felicidad y sus incontables máscaras, disfraces y excesos. Los romanos colgaban de las puertas de sus casas una leyenda: “Hic habitat Felicitas”; “Aquí habita la Felicidad”. El concepto romano de Felicidad es interesante debido a su expresión concisa, directa y a su abierto reconocimiento hacia los placeres y poderes mundanos, que eran un signo fehaciente de la benevolencia que los dioses concedían.
Con la caída del Imperio Romano (404 d. C), surge un movimiento religioso sin igual, el Cristianismo. Éste habrá de prometer otro tipo de Felicidad: la que trasciende lo terrenal, la Felicidad celestial y eterna. Habrá que ganársela a pulso. Para los judíos, la Felicidad se mostraba de varias maneras; la tierra prometida; vivir conforme los Mandamientos de Dios y estar libres de pecados, ganando el favor y la aceptación de Dios para seguir su camino y enseñanzas; la recompensa final del reino de los cielos; la venida del Señor para reunir a su pueblo y brindarles salvación, justicia y paz eternas. Esta filosofía de vida Cristiana puede estar resumida en la frase que inicia el más bello de los libros de la Biblia, “El Eclesiastés”; “Vanidad de vanidades, y todo es vanidad”… “Detesto la vida porque me repugna todo lo que se hace bajo el sol, pues todo es vanidad y atrapar vientos”.

Tanto la Alta como la Baja Edad Media estuvieron perneadas por este pensamiento cristiano. Hubo batallas cruentas y sangrientas denominadas Cruzadas, en las cuales, además del pretexto religioso, se justificaban por intereses mercantiles, comerciales y meramente monetarios. La vileza de los seres humanos ha sido una constante histórica disfrazada con diversos atuendos y credos. La Felicidad seguía siendo una búsqueda frenética que había que alcanzar por cualquier medio posible.
Todos los medios justificaban el fin a través de la Historia...

Ahora, en pleno siglo XXI, nuestros filósofos son Gucci, Cartier, Chanel, Boss, Zegna, Dolce e Gabanna, Burberry, Prada, Ferragamo, Vuiton. Hoy en día nuestros pensadores, filósofos y líderes son; Mercedes Benz, Jaguar, BMW, Ferrari, Porsche, Audi, Cadillac, Rolls Royce.
En pleno Siglo XXI, todos los días nuestra sociedad desquiciada alienta mensajes-mantras como: “Haz realidad tu sueño”, “Logra tu meta anhelada”, “Sólo hazlo”, “Ve y adquiere tu éxito”, “Logra lo que desees”, “Tú te mereces todo”, “Puedes tenerlo todo”, “Mereces lo mejor”, y otras sandeces similares.
La Felicidad sigue siendo la búsqueda primordial de los seres humanos aún en nuestros días. Parece ser una constante del ser humano que trasciende al tiempo y al espacio. La mayoría de los individuos que son encuestados sobre la Felicidad, reportan que ésta les resulta más importante que la obtención de riqueza y poder. Lo mismo acontece entre las opciones: Éxito-Felicidad.

Ahora bien, cuando he preguntado a la gente, ¿qué le haría feliz?, me contestan cosas muy similares: La casa ideal, más dinero, obtener las cosas que desea, más vacaciones alrededor del mundo, más vestidos y zapatos, una camioneta último modelo, más joyas, una cirugía plástica, muebles nuevos, una casa en la playa…
La mayoría nunca menciona aspectos como: más paz interior, mejores relaciones con la familia, seguir amando a su pareja, ver crecer a sus hijos, terminar sus estudios universitarios, su salud, aceptar su vejez con dignidad, la fe depositada en Dios, el sólo hecho de estar vivo.
La creencia generalizada que tener es condicionante de la Felicidad, está enfermando a la gente como un cáncer mortal. La gente considera que no puede ser feliz si no tiene tal o cual cosa. “Necesito tener algo que me haga feliz”. El criterio que predomina es que primero se debe “tener” para que después se pueda “ser”. Vaya sandez. De esta manera, en nuestra sociedad desquiciada siempre estamos corriendo, compitiendo y adquiriendo ese “algo” que tanto nos hace falta para, una vez obteniéndolo, ahora sí poder ser felices. El hobbie por excelencia de las personas hoy en día, es ir de compras (Shoping time). Comprar lo que no necesitan, lo que en ocasiones ni siquiera les complace del todo, pero comprar; atiborrarse de bolsas con productos diversos los hace sentirse importantes y fugazmente dichosos.
De esta manera frívola pretenden darse status y poder ante las personas que los rodean. Impresionar, aparentar, jactarse. También engañarse; porque bien saben que ese efímero gozo es inútil y poco efectivo. Además de tremendamente costoso.
Cuando hablamos de la Felicidad como algo que tener, poseer, comprar; el grave riesgo es que limitamos la Felicidad a cosas, posesiones, bienes. Esta conducta dañina nos hará perseguir a la Felicidad en lugar de ser felices. Millones y millones de consumistas pueden ser resumidos bajo esta simple fórmula:


Dedicas los mejores años de tu vida a trabajar =
Trabajas en algo que detestas sólo para comprar cosas =
Compras cosas que no necesitas pero que te dan un estilo de vida =
Adquieres un estilo de vida que no disfrutas en absoluto =
Conclusión: un completo absurdo

Es muy delicado que pongamos toda nuestra ilusión y fe en cosas externas (materiales) para proveernos de Felicidad. Podemos correr el riesgo de desapegarnos de la Felicidad interior, la cual resulta, por mucho, más certera, duradera y gratificante. Esta Felicidad interior representa el centro del equilibrio entre lo que es y no es la Felicidad; es el centro del balance justo para obtener el éxito que tanto anhelas, pero de manera inteligente, mesurada, plena. Hay que entenderlo de una buena vez: la Felicidad no significa un bien o una cosa. Tienes que llevar tu vida con mayor profundidad y sentido. Tienes que valorar las emociones y experiencias que la vida te ofrece a diario, más allá de lo inmediato, pueril y perecedero. Un buen pensamiento, un valor ético llevado a la práctica, congruencia en la conducta; son bienes más duraderos y trascendentales que un par de zapatos de marca, un coche ostentoso, una casa enorme pero vacía y fría.

El éxito inteligente está en directa conexión con el desarrollo de la Felicidad interior. Está, de igual forma, consciente que la Felicidad es una forma de ser, una actitud de vida, no una cosa que se pueda comprar y utilizar hasta que se arruina. La Felicidad interior representa liberarse del condicionamiento externo enajenante. No tiene que se fabricada, producida, comercializada.
Es inherente a nosotros, preexistente.
Existen una importante y seria cantidad de estudios de afamadas universidades a lo largo y ancho del mundo, así como de un puñado de investigadores, economistas y periodistas (Wilson, Llepart, Watson, Holden, Weiner) que sostienen lo contrario: la felicidad, no tiene que ver directamente con la riqueza económica. La gente rica no es necesariamente más feliz que la gente que no lo es.

El caso es que la búsqueda de la Felicidad ha conllevado a los niveles de neurosis y stress más elevados. Esto es innecesario, ya que la Felicidad no hay que ir a adquirirla, está dentro de ti, forma parte tuya, sólo tienes que incluirla de manera consciente y responsable en cada conducta que realices. Lo que resulta en verdad asombroso y paradójico por el desconocimiento que se tiene de ello, es que la Felicidad interior es algo que todos tenemos. Considero que la búsqueda de la Felicidad es una parte intrínseca de la conducta humana, y forma parte de nuestro devenir existencial diario. Lo que hay que distinguir con claridad, es que existen tantas maneras de buscarla, como personas que la buscan. Sucede un poco lo mismo que con el amor. Cada quien tiene su definición y estrategia, pero es una emoción que está muy confundida y desperdiciada.

La Felicidad también es la gran enseñanza que nos guía hacia una vida más plena, satisfactoria y agradecida. Cuantos más elementos, juicios y experiencias poseemos sobre la Felicidad, mejor será nuestro discernimiento sobre lo que en verdad requerimos en la vida; sobre la inmensa dicha profunda interior, y los placeres efímeros mundanos del exterior. Que quede claro; el dinero no es necesariamente bueno-malo, comprar no es del todo dañino; lo que sí representa un error garrafal, es centrar todas las emociones, deseos y anhelos de la vida, en la persecución frenética alrededor de estas conductas. La Felicidad nos enseña cómo vivir bien, cómo realizarnos y cumplir nuestros objetivos existenciales. Cómo estar mejor con nosotros mismos. Es indudable que cuando estamos felices nos relacionamos de mejor manera con los demás; nos sentimos más ligados a la gente, más confiados, seguros e involucrados con la vida. Estamos más creativos, productivos y fructíferos. En pocas palabras: somos mejores. La verdadera Felicidad nos posibilita ser más exitosos.
Durante el día, medita algunos minutos sobre la Felicidad que tú definas y que desees alcanzar. Si ya la tienes, reflexiona sobre todos los beneficios y placeres que te prodiga y agradécela.
Sé humilde, agradecido, y la Felicidad rondará cerca de ti.

miércoles 7 de octubre de 2009

El verdadero nuevo Cine Mexicano



Sé, de antemano, que este artículo provocará indignación, coraje y hasta cierta furia a todos aquellos –por fortuna no creo sinceramente que sean muchos- seguidores y recalcitrantes fans del llamado nuevo cine mexicano.

¿Nuevo en qué?
¿En los triviales, grotescos –perdón- urbanos guiones?, ¿en las tiernas rameritas plagosas que si no se encueran y muestran sus nalguitas firmes y sus pechotes siliconados, no consideran que actúan?, ¿en la camadita de tetos fresas, simplones, ojiclaros y con vocesitas babosas (güey, la neta, está bien chido, güey, no mames…), que si no gritan y maldicen con las más atronadoras increpaciones –maldita sea, los actores y actrices aztecas piensan que lo histriónico sólo descansa en gritos, groserías y manotazos- no están conformes con éllos mismos.

¿Cuál nuevo cine mexicano?
Cintas de chamaquitos y chamaquitas (para citar a nuestro extinto y preclaro ex-mandatario) mariguaneros, cheleros y roneros baratos, quienes, marginados por sus papis (con quienes ineludiblemente todavía viven en sus camitas calientitas y con sus cochesitos flamantes, ya que no pueden generar ni siquiera el dinero suficiente para el próximo reventón en un barecito snob de la populachera fondesa- tratan de sacar, perdón, sublimar, sus inadaptaciones, frustraciones y complejos a como dé lugar.
Qué desfile de inmundicias cinematográficas, qué desperdicio de celuloide y tecnología, y qué –aunque por fortuna nunca les dan buenos presupuestos- desperdicio de dinero, perdón, como ellos dirían, de varo.

Ah, eso sí, porque ahora, también, hay que hablar como lo hacían los nacos hace cuarenta años; esto les da status, dicen.
Chido, nel, neta, rola, no mames, está de pelos, toque, guato, guateque, carnal, varo, qué güeva, entre otras palabras.
Ni siquiera eso les pertenece: han adoptado el hablar de otra generación y de otro estrato social, al cual, muy en el fondo de sus cabecitas enloquecidas y megalómanas, odian sinceramente.
Esto va acorde a su intencionadamente informal manera de vestir: sus ineludibles mezclillas deslavadas y roídas; sus tenis Reabock de colorcitos pastel para verse cool; sus playeritas con estampados insulsos; sus greñitas desalineadas –eso los hace más interesantes y comprometidos- sus anteojos retro estilo los cincuenta, sus tatuajes de padrotes y madrotas de carnaval barato, en fin; todo un uniforme predecible y deplorable que no muestra sino su craso mal gusto y raquítica originalidad.



Ahora bien, es muy cierto que los mamotretos de la primera mitad del siglo pasado también eran muy decepcionantes: Vaqueros, mariachis, machos briagos romanticones cantándole a la atolondrada solterona al pie de un balcón; colosales madrizas en cantinas de pueblo; reconstrucciones de nuestra doliente y patética Revolución; o el retrato descarnado, orgulloso, casi religioso, de la pobreza que identifica -aún hoy y en peores proporciones- a nuestro país.

Aunque creo que la verdadera basura se dio a partir de los años setenta: las innumerables películas de cabareteras celulíticas y los pachucos de tupidas patillas; las insufribles películas de policías-judiciales contra delincuentes tan malhechores como Bambi; las abominables películas de terror en las cuales involucraban el talento y virtuosismo circense de nuestros fofos luchadores; las deliciosas pericias de nuestra india contextualizadas en las inmundicias del Distrito Federal...


Pero mucha atención queridos lectores: en este país siempre pasa lo mismo: Es la misma bazofia disfraza de felicidad y optimismo tercermundista.
Lo mismo acontece con nuestros ratones verdes en busca de la gloria inmensa de la clasificación al mundial contra equipos de cuarta categoría; lo mismo sucede con nuestros intelectualoides salidos del closet a fuerza de cocteles y entrevistas en los prestigiados medios masivos de comunicación nacionales; lo mismo pasa con el clero corrupto, abusador de infantes y vendedor de plateas en el purgatorio; lo mismo se da en la inmensa cloaca pestilente que representa la política nacional; lo mismo, válgame el Señor, en la devastadora crisis económica, moral, laboral…

Siendo sinceros y menos exigentes, este pseudo nuevo cine mexicano es producto de todas estas porquerías.
Entonces, ¿porque habría de ser propositivo, original, innovador, eficiente, tecnificado, fresco, artístico?...
Ya pasó el mes patrio, pero nunca olviden nuestro lema por excelencia que nos denota, connota y etiqueta:
¡Viva México cabrones!
¡Viva el Nuevo Cine Mexicano (con sus festivales, premios, eventos, actores, actrices, fans, orgías) para orgullo de todos y todas!


Mis tres películas favoritas mexicanas:

Los Olvidados,

Amores perros (lo mejor que se ha hecho a la fecha)...


Perdón, no encuentro la tercera.


lunes 28 de septiembre de 2009

Cuento Corto


LA MUDANZA


a Elsa Brunel

es de madrugada y me levanto de entre lo que queda de la casa y de los muebles-cosas que aún se salvan de las cajas, de la partida; me quedo, me voy, me voy y una duda se pega a mí como sudor o peste y la casa pierde poco a poco su ligero encanto; parece que se estuviera desnudando para fornicar con la soledad y mendigar así, lástima, silencio y polvo; es como yo que no lo acepto y grito quedamente para dentro, a solas en la cama, muerte de cada día donde te recuerdo, donde estuviste, donde estoy escribiendo con letra de espanto y pulso descompuesto; te recuerdo en aquellos días en que, al carajo con el recuerdo, al carajo con el sentimiento; pero no puedo mandar al diablo sino al dolor por no poder compartir contigo, siempre contigo, la casa, los muebles, mis cuadros, los libros, tus fotografías; carajo cómo te quiero, carajo qué está pasando; chingada madre que alguien me grite, me escupa, me distraiga; me levante de ti, del recuerdo; se va desnudando, ahora es únicamente hoyos y clavos en las paredes y cajas apiladas en desorden; de aquella neurosis de limpieza no quedan sino algunas fotografías, polvo, papeles, colillas, recuerdos, pelos; ven, toca de nuevo la puerta y entra, salúdame como siempre, que se escuchen tus pasos por el estrecho pasillo y que rechine mi cama con tu peso; que mibocatenombre y te despida para esperar el próximo, ¿cuándo?, saludo; la pinche y divina, contigo, monotonía; es de madrugada y contemplo todo como un desastre, como éste, yo, que espera su momento para ser recuerdo, dato, posibilidad; queda algo por empacar, ojalá pudieran empacarme, sacarme lejos de aquí, de ti; ojalá, en serio, me tiraran a donde fuera para desde ahí nombrarte; me voy, me quedo, me voy; es de madrugada, no puedo escribir, no es pendejada, no puedo, en verdad no quiero, la cabeza me zumba como mil endemoniadas avispas punzantes; adorados sean los poetas porque prostituyen nuestra soledad; estoy solo, estoy triste, con la cáscara gris y la sangre dormida; la madrugada continua indiferente y en silencio y tú, lejos, lo suficiente, duermes; y yo, aquí, desde entonces, impotente queriéndote; me quedo, me voy, madrugada, cajas, soledad, clavos, tú


Guadalajara, Jalisco 9 de agosto de 1982