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ENTRE LINEAS Y NOTAS Biosstars

Entre líneas y notas, artículos sobre libros, reseñas, poesía, efemérides y demás. Por: Alejandro Herrera Parra, colaborador de Biosstars International

jueves 11 de marzo de 2010

AVATAR: SOBERBIO FESTÍN VISUAL

Resulta en verdad toda una alucinación visual y plástica la más reciente de las cintas cinematográficas de James Cameron.
Antes que nada me resulta una formidable crítica sarcástica y descarada sobre la deleznable manera en la cual se manejan los gobiernos norteamericanos, armando y pretextando guerras por todo el mundo a diestra y siniestra. Pese a quien le pese, y cueste lo que cueste.
Desde los acentos (parecen patos graznando) de los actores gringos, hasta las actitudes de marines con musculitos fornidos y tatuados, y con cabellitos rubios a rape. Los nombres de las naves aluden a esta belicosa sociedad con gran descaro: Bravo I, Bravo II, Depredador, entre otras absurdas etiquetas.
El caso es que uno nunca deja de ubicar a los gringos atacando -en este caso un planeta llamado Pandora– más que imaginarnos que son legiones de soldados terrícolas.
Hay escenas de marines bajando de helicópteros, que nos remiten de inmediato a las no tan distantes atrocidades de Vietnam, Irak, Irán y Afganistán.

Ahora bien, el argumento, más allá de sus méritos literarios -que aunque pocos, sí los tiene- es un mosaico multicolor de historias que siempre hemos deseado volver a escuchar y ver: Por un lado la historia inolvidable de Pokahontas con ese enfrentamiento ineludible de dos culturas y civilizaciones antagónicas, en el cual, no precisamente los que consideramos civilizados, en verdad lo son; por otro lado, alusiones al Señor de los Anillos (principalmente en el lenguaje que bien pudo haber sido inventado por el propio Tolkien) y las alianzas de las tribus y clanes para establecer un frente común y acabar con la amenaza externa.

Pero por encima de todo esto, que no resulta poco, hay un mensaje de preservación y mejora de vida y valores. A saber; preservar el lugar donde se nació y se vive; mantener las tradiciones ancestrales que sustentan el quehacer existencial de cada habitante del planeta; asumir el respeto al medio ambiente; concientizar el respeto entre los que conforman una sociedad determinada, en fin, se pueden esgrimir una buena cantidad de referencias aplicables a nuestras desquiciadas sociedades actuales, bajo la lupa de esta cinta preciosista.
Gráficamente la cinta es un derroche de creatividad y sabiduría estilística inigualables. Considero que esa década que le tomó a Cameron crear su enorme fresco visual, se ve recompensada con creces en cada uno de los millones de asistentes a las salas cinematográficas que salimos con un gratísimo sabor de boca, y con la cabeza en plena ebullición de ideas y cuestionamientos.

Y aquí no deseo hablar del Oscar (si se lee mi anterior artículo en el cual se habla de este magno y fatuo evento) se apreciará que con toda intención no mencioné a la cinta Avatar más allá de lo necesario. Élla merecía un artículo aparte, independiente, en el cual se pudiera uno explayar para describir tantas metáforas visuales y connotaciones diversas.

Pero vayamos por partes:
La historia ha sido por demás criticada por buena parte de las personas que han visto la cinta. No voy a argumentar nada. Concedo cierta razón en estos juicios. Pero lo verdaderamente significativo, no son los lugares comunes de casi TODAS las historias-argumentos: el amor, el desamor, la envidia, la destrucción, el sexo, el ansia del poder y el dinero, lo beligerante de la vida… En este caso, e insisto, es el manjar visual al que uno se enfrenta -sobre todo en 3D- cuando nuestros ojos y sentidos recorren lugares, vuelos, cabalgatas, persecuciones, huidas, encuentros, destrucciones, entre otras atmósferas que se suscitan en la cinta.

Quiero reconocer que hasta cierto punto me dio gusto que Avatar no ganara los Oscar a la mejor película y al mejor director. Me resultó nada extraña la decisión de estos afanosos gringos promoviendo su país y su particular y engañosa política a como dé lugar.
Y aunque la película ganadora me agrada (The hurt locker), no dejo de reconocer que estoy harto de estos temas que involucran a la guerra y sus multifacéticas caras ojerosas y dolientes. Es cierto que Avatar se sustenta por la guerra y sus consecuencias, pero el tratamiento espacio-tiempo-lugar es diferente.
Con relación a la cinta musical de James Horne -espléndida hasta la última nota- retrata de manera elocuente y eficaz, esa atmósfera tribal primigenia de la que está teñida toda la cinta.
El trabajo de animación por computadoras es en verdad inenarrable. Me faltan adjetivos para poder acercarme al esfuerzo, imaginación y habilidad para lograr los resultados obtenidos en la susodicha película.

Casi por último, vaya mi total reconocimiento y admiración a todo el equipo que trabajara bajo la dirección del experimentado y preciosista James Cameron, por haber logrado esta película (el término cinta acaba por complacerme muy poco), y por hacer posible que uno literalmente se pierda en otro tiempo y dimensión en busca de las preguntas cartesianas capitales que le dan sentido -a la fecha- al devenir existencial y filosófico de nuestra especie. La película, en sí misma, vale infinitamente más que esta codiciada y ramplona figurilla que ha sido sacralizada y valorada por sus consideraciones eminentemente monetarias y financieras.
No en vano es una feria y premio gringos.

Recomendación final: imposible no ver Avatar.

Alejandro Herrera Parra
México, D.F. Marzo 11 del 2010.

lunes 8 de marzo de 2010

LA FERIA DE LAS VANIDADES


Hemos presenciado una emisión más de lo que cada vez se convierte en un evento multifrívolo, farsante y pretensioso. 100% made in USA.

¿Habrán imaginado los creadores de esto que llamamos séptimo arte, desmadres tan sofisticadamente acartonados y pueriles? Esto sólo puede pasar en los Estados Unidos de Norteamérica. Y ante este hecho en verdad contundente me pregunto: ¿qué no han inventado, comprado y apropiado los siempre insatisfechos gringos? Una cosa sí hay que reconocerles a todas luces, que todo este carnaval farandulezco lo organizan a la perfección.
Desde la abominable pasarela de la alfombra roja, en la cual todas las barbies y los barbies desfilan con sus mejores galas (prendas que cuestan millones de dólares; eso sí, algunas y algunos de ellos, cuando sucede alguna calamidad, se presentan al lugar en cuestión preocupadísimos y consternados para que en qué pueden ayudar, o adoptan niños de varias partes del mundo como si fueran mascotas), y todos ellos y ellas - aunque suene como nuestro ínclito ex presidente - lanzan tiernísimas y coquetas miradas de inocencia y humildad hacia las cámaras y por ende a millones de personas en todo el mundo. Sí, porque la pendejez es global, inmediatizada y en vivo.

A mí me tocó vivir varias veces un acto de estupidez semejante en los Festivales de Salzburgo, cuando los salzburgueses - a quienes yo consideraba inteligentes y de buen gusto sólo por el hecho de ser paisanos de Mozart, Schubert y Mahler - se daban cita a las afueras de las salas de conciertos no para ver llegar a los compositores, directores de orquesta o músicos en general; sino para ver arribar en lujosísimos automóviles (algunos literalmente en carruajes) a la frívola y engoma clase alta que acudía a los eventos artísticos sin ninguna referencia ni conocimiento musicales, y sólo como una ocasión privilegiada e insustituible para mostrar sus cuerpos bronceados y sus mejores joyas y prendas.
Por lo menos en esta entrega de los Oscar, los aludidos son los responsables.

Esta emisión del Oscar 2010, no dejó mucho de qué hablar ni para bien ni para mal. Fue otro evento mercadológico profusamente organizado y multimillonariamente comercializado. Ahí está el detalle, diría nuestro extinto Chaplin azteca. Business is business. No hay más. Porque si algo caracteriza al efectista, chantajista y propagandista cine gringo, es justamente eso: negocio, dinero, publicidad. Al diablo los guiones profundos y humanos, al diablo también las historias en las que no aparezcan bellos cuerpos, golpes, explosiones, mansiones, marcas patrocinadoras y, hasta el cansancio, la banderita de barras y estrellas promoviendo al país mismo.

Pero vayamos a los detalles de la gran nochecita. De entrada, el bufón-payaso canoso que ya no hace reír ni a sus familiares (prototipo perfecto del gringo simplón, papanatas y predecible), con sus chistesitos ramplones. Creo, así mismo, que preferimos a Alec Baldwin de macho brabucón, que de comparsa de payaso. En fin, hay que familiarizarse con ese tan simpático y característico humor gringo…
En cuanto al escenario, me resultó bastante agradable y discreto. Y sin ser tendencioso, me recordó el árbol del planeta Pandora de la premiada cinta Avatar. El caso es que lució discreto y elegante, al igual que algunas luminarias modernas y circulares.
Ver al ahora viejo James Taylor cantando una de las mejores composiciones del celebérrimo cuarteto de Liverpool, los Beatles, en honor a la gente que se nos ha adelantado al infierno o al paraíso, fue un momento intenso y por demás logrado. El talento del canta-autor norteamericano resulta incuestionable. Ni qué decir de los espléndidos bailarines que surcaron los aires y se revolcaron por los suelos con movimientos perfectamente coordinados y de enorme expresión artística.

Con relación a los premios, me dio bastante gusto - lo siento por los millones de misóginos de todo el mundo - que una mujer (Kathryn Bigelow) ganara el Oscar como mejor directora. Y vaya que la terna - de cinco - estaba harto peliaguda. Muy bien por la Bigelow y su impecable trabajo en la cinta que creo, dio la sorpresa de la noche: The Hurt Locker.
También me dio demasiado gusto que la espléndida actuación de Jeff Bridges en la cinta Crazy Heart, se llevara el Oscar como mejor actor protagónico. Y aquí quiero señalar el doble merecimiento: uno como persona, y otro como actor.
Lo que sí me resulta todavía muy cuestionable - por su calidad y crítica - es que este festival cinematográfico tenga a personajes nominados como Penélope Cruz, Sandra Bullock – quien además ganara el Oscar como mejor actriz protagónica con la cinta The blind side -, y el snob insufrible de Tarantino con esa pseudo espontaneidad lamentable y fingida, que no deja de asomar a cada momento en su desafortunada cinta de caza nazis.
Con todo respeto (o sin él) estos artistas no merecen estar en los más altos niveles. Pero claro, si nos ponemos a pensar que es la entrega del Oscar en los Angeles, CA., y que los intereses comerciales, políticos y todos los que usted desee imaginar juegan un papel primordial, bueno, pues esto es normal que suceda año tras año. Y deseo aclarar que no tengo nada en contra de la temperamental Bullock, a quien en algunas películas recientes la he visto trabajar con profesionalismo y franca disciplina.

Aunque no profeso la frase célebre de Simón Bolívar: “América para los americanos”, tendré que ver la cinta argentina El secreto de sus ojos, para ver de qué está hecha película al ser galardonada como la mejor cinta extranjera.
Merecido el premio como actriz de reparto a la morena Mo´Nique por su extraordinaria actuación en la película Precious.
Sin duda alguna, la película Up, resulta ser una verdadera maravilla que se disfruta de principio a fin. También merecido el Oscar como mejor película animada. Aunque con relación a la cinta sonora de esta película, con todo respeto a Michael Giacchino, su partitura no resulta en verdad superior que las de Zimman o Horne. En fin, dicen que todo es relativo o subjetivo.
Algo que me resultó en verdad triste y lamentable por lo agringado del asunto, es el hecho de ver a diez actores hablar maravillas del actor o actriz que estaban presentando para las nominaciones a mejores protagónicos, lanzando adjetivos que ni la misma Madre Teresa de Calcuta merecería, y que cuando éllas y éllos mismos se percataron que no ganaron el tan preciado galardón, lanzaron unas jetas de sincera envidia, enojo y coraje a los que sí lo lograron. Vaya hipocresía, vaya farsa maquillada y emperifollada. Literalmente, vaya actuación.

Pero ya es hora de terminar. Sigamos, cada quien desde su particular espacio, tiempo y emoción, con el show a lo largo de este 2010 y veamos qué nos deparan los artistas involucrados con esta multimillonaria empresa de la cinematografía, porque siempre, siempre, siempre, the show must go on...

Alejandro Herrera Parra
Tlalpan, México, D.F. 08 marzo 2010.