
Por: Alejandro Herrera Parra
Más bien de baja estatura, muy poco cuello, moreno, constitución física gruesa, con demasiada frecuencia rayando en la gordura - producto de la grasienta, enchilada y masacotuda dieta que a diario lleva a cabo - con un hereditario pésimo gusto para la moda (se le contempla portando botas de vestir en colores grises, café claro, beige, azul marino, vino, blancas), anchísimas corbatas a la altura del ombligo con estampados complicados y florales que nos remiten más a una colcha o a una cortina, y con una muy singular manera de hablar y relacionarse con sus semejantes.
Su lenguaje es florido, en ciertas ocasiones demasiado lógico, pero muy burdo y aberrante. Curiosas expresiones tales como: Volvió a repetir, mas sin en cambio, mas sin embargo, mas aparte, luego después, ora sí como quien dice, está bien cercas, el Juan, el Pedro, la Carmen, la María, etc., su carro de él, su comadre de mi primo, su hija de mi patrón, su madrina de mi vecina, nadien me dijo, más luego, salió fueras de la ciudad, más noche te llamo, agarra y se enoja, agarra y le digo, vive recerquitas de su casa de él, dice y le digo y luego me dice que dice no y le digo que sí y me dice nada y dice también, ya ni la haces mai, cómo crees compa; aunado a una inexplicable y fecunda tendencia castiza de ponerle “s” al final de todos los verbos: Fuistes, trajistes, comprastes, vistes, usastes, escribistes, mentistes… y así por el estilo.
Otras expresiones tales como: Chale, nel, te pasas, te manchas, te rayas, las chelas, el pomo, el vidrio, el frasco, la boa, el chivo (comida), qué onda, qué transa mi buen, qué finanza mi valedor, qué bisne; y miles de barbarismos que resulta imposible destacar aquí en su totalidad.
De manera grotesca, trata de ser demasiado formal con expresiones tales como: Es bien importante, Está bien interesante, Está bien bonito, Esto se financía con dinero nuestro, Aquello se diferencía más, Este asunto se negocía así; Señorita, tráigame los memorándums y los currículums del personal; entre otras.Es muy importante puntualizar que casi instintivamente emite un sonido muy extraño y por demás peculiar antes de cualquier pregunta o respuesta, muy semejante a la salida del aire en un neumático (sssssshhhh, pus ¿cómo estás?. Ssssshhhh bien, ahí dándole. Psssss qué onda mi buen.) y así hasta el cansancio.
En el trabajo es fervorosamente flojo, disperso y busca cualquier pretexto para abandonar sus labores y platicar de una vasta cantidad de frivolidades e insignificancias.Temas como las amantes, la última borrachera, el resultado del partido de fútbol (y claro está, también los de base ball, fut ball americano y basquet ball, porque se siente inexplicable y orgullosamente identificado con sus vecinos del norte), alguna queja sobre la insufrible esposa, un elogio al odiado pero falsamente respetado Jefe, y otros tópicos similares.Su descaro es grandioso y severos comentarios, regaños y críticas pueden debilitar muy poco su intrínseco cinismo.
Generalmente trabaja en algo que nada tiene que ver con sus pocas habilidades y estudios, y por consiguiente su rendimiento laboral es mediocre e insatisfactorio para él mismo y para sus superiores inmediatos.Acepta casi cualquier chamba (trabajo) para poder pagar sus innumerables deudas (el refrigerador, la pulsera de chapa de oro florentino, el reloj empeñado en una cantina, la casa chica, el traje de color pastel, el ineludible televisor a colores con su respectivo DVD, los tenis importados marca Nike, la chamarra deportiva con el emblema de los vaqueros de Dallas, etc.)Muestra una lealtad incondicional hacia sus jefes inmediatos y supremos, ya que éstos últimos son, en general, del mismo estrato social y cultural, sólo que más hábiles y astutos, por lo cual están mejor situados dentro de los curiosos y rimbombantes organigramas que entre éllos mismos diseñan e implementan.
Es un infatigable “compadre” con todos sus amigos y un alegre bebedor Don Juanesco que seduce a las meseras con frases de canciones rancheras y baladas cursis que desde joven memorizó.En ocasiones llega a sentirse todo un Playboy muy a la usanza de nuestro inolvidable nuestro querido Casanova azteca, Tín-Tán.
Casi siempre se pelea con sus compañeros de mesa por pagar la cuenta de las de la comida y borracheras de su Jefe, quien les hace a todos el enorme honor y la finísima distinción de acompañarlos religiosamente algunos días entre semana y todos los viernes a las cantinas circunvecinas a la oficina.
En los centros nocturnos (cabarets, table dance, puteros) el burócrata semeja ser más un guarura de su jefe que un supuesto ejecutivo de oficina.En estas noctámbulas circunstancias complace a éste en todos los aspectos y caprichos posibles, hasta llevarlo borracho, sin corbata y descamisado, para depositarlo - parafraseándolo literalmente - en su casa de él sin importar la distancia ni la hora.
Este ejemplar burócrata es lo suficientemente ejecutivo e inteligente para saber que todo esto cuenta para la próxima promoción en el siguiente bono anual.Ahora bien, adora a su madre y a la virgen de Guadalupe por sobre todas las cosas, personas y seres vivientes, y su esposa, para él, sólo es un remedo incompleto y mediocre de éstas, que le dará hijos y atenciones.Su ingenuidad religiosa es en verdad fascinante, desconociendo en lo absoluto todo lo relacionado con el credo que se jacta de profesar, y que todos los domingos le hace acudir por propia voluntad, a la iglesia del vecindario con su familia para escuchar una homilía que difícilmente entiende y menos aún pone en práctica en su vida diaria.
Como padre puede resultar apapachón, fingidamente estricto.Eso sí, si uno de sus críos es varón, a la edad indicada (a partir de los tres años) lo viste del uniforme de su equipo de fútbol favorito, recibiendo con esto una de las satisfacciones más grandes que la vida y la paternidad le pueden otorgar.Si es niña, no dejará de adorarla pero decidirá que es asunto y obligación de la esposa educarla y vestirla como más lo crea ella conveniente.Como compañero de trabajo es sinceramente falso, inseguro, intrigante, desconfiado, traicionero y envidioso.Siempre tiene pánico de que alguien le quiera quitar su chamba; de que alguien esté hablando mal de él, reflejo inmediato de su turbia consciencia y deteriorada y diminuta auto estima.Nunca, nunca, nunca, hace el esfuerzo extra para sobresalir en el trabajo.
El éxito le parece una palabra muy semejante a fidelidad, honradez, responsabilidad, disciplina; siempre escuchadas, nunca asimiladas.Este gallardo personaje es visto con mucha frecuencia durante las mañanas antes de la entrada al trabajo, en esquinas en las cuales se venden tamales, acompañado de la amiga-compañera-amante en turno, invitándole, como todo un galán barroco, una torta de este alimento típico mexicano, con su respectivo y calientito champurrado o atole.Hace poco me enteré del nombre de este platillo distinguido que representa una de las abstracciones culinarias más sobresalientes de nuestra variada cocina nacional: La Guajolota.Como se aprecia, el humor forma parte del propio lenguaje.
Con frecuencia, también compra tamales para llevar y comérselos en plena mañana encima de su escritorio y en medio de papeles de trabajo y oficios supuestamente importantes.Manifiesta, desde su tierna infancia, una sincera y definida inclinación hacia los deportes. Sin embargo, su cuidado corporal deja mucho que desear, ya que come, más bien traga a cualquier hora del día tacos, quesadillas, sopes o algún guiso casero grasoso.Pero eso sí, en la primera oportunidad que se permite, se disfraza con sus pants, sus tenis, su imprescindible cachucha con la palomita como logo (otra herencia yanqui adquirida) y corre con afán durante cinco u ocho minutos ininterrumpidos, lleno de sudor y jadeos.No tolera más, pero la cuota del día está cumplida con disciplina.
Sabedor de sus variados y abundantes encantos y sobrada virilidad, por lo menos tiene una amante en cada uno de sus trabajos, a quienes, a su manera, las consiente y en ocasiones hasta les hace hijos. A estos críos, por su puesto, nunca les dará su distinguido y aristocrático apellido, como tampoco su sofisticada y exquisita educación.Dicha virilidad, llena de contradicciones, es reafirmada con pulseras en baño de oro que entreteje sobre la correa de su reloj dorado y plata, o cadenas que cuelgan sobre su cuello por fuera de la camisa o playera.Entre más burdas y doradas mejor.
Este singular personaje acude con excesiva puntualidad y desde la mañana, a los sanitarios durante las horas de trabajo, acompañado siempre de un ejemplar tabloide con la sección de los deportes, para enterarse, a lo largo de quince o veinte minutos, de los últimos resultados, contrataciones, estadísticas, apuestas y comentarios del apasionante y polémico mundo de sus adorados ídolos deportistas.Nada le preocupa en ese momento.Todo, muy en especial el trabajo, puede esperar.Cada año empeña hasta su triste alma para llevar a toda su familia de vacaciones a la playa (sin haber revisado el automóvil, ni haber apartado lugares de hospedaje) y tomar él mismo (se lo merece), el añorado sol con zapatos, calcetines y camisa desabrochada de manga corta (en casos ideales playera blanca con curiosos estampados).
Su instinto previsor de boy scout tropicalizado, le permite llevar alimentos a la playa, que su abnegada y afanosa esposa prepara en la cocineta del hotel en el que se hospedan, o que ya lleva preparados desde el lugar de partida en envases de plástico y cazuelas de todos tamaños.Con lo cual, además de ahorrarse dinero, tiene la oportunidad de saborear la torta o el guiso que más le agrada y evitar sorpresas y enfermedades en fondas sin higiene.Tiene por convicción tomar prestado (para toda la vida) todo aquello que no busca ni necesita pero que la vida le pone enfrente; material de trabajo, papel higiénico, calculadoras, plumas del compañero-vecino, vales de gasolina, vales de restaurantes, azúcar, tazas para el café o el té, periódico, alguna revista, (nunca un libro), facturas en blanco, y casi cualquier objeto que encuentre a su paso.Es bastante sociable y en las fiestas que siempre improvisa bajo cualquier pretexto, derrocha sus sobradas habilidades de incansable y galante bailarín y cantante.
Es en verdad fascinante verlo bailar, ya que dependiendo de la canción, es la actitud que toma y sublima en una bárbara y rupestre catarsis.Cuando se trata del ya mexicanísimo género de la cumbia (originario de nuestra hermana nación colombiana), casi ignora por completo a su pareja en una muestra de abierto desprecio e indiferencia, y con el ceño fruncido se desliza con una gracia y formalidad aplastantes.Pareciera flotar y deslizarse como un cisne sobre las aguas.En cuanto al “rock and roll”, (casi desde el vientre materno lo baila, ya que representa para él y para toda su honorable familia, uno de los signos distintivos e ineludibles de una buena educación populachera mexicana) lo domina con enorme aplomo y técnica acrobática.
En cuanto a los “valses”, manifiesta una singular y evidente torpeza y evidencia la gracia y agilidad de un hipopótamo más bien adormilado.Por desgracia, para él y para los suyos, la música por excelencia, la de nuestro insuperable y casi sacralizado mariachi, por lo general no se baila.Pero sí en cambio, cada vez que la escucha, silba, grita, canta, bebe, se acalora y alborota de una manera exquisitamente primitiva.Adorados artistas como nuestro inolvidable y carismático ídolo del pueblo Pedro Infante, nuestro elegante, refinado y viril Chente Fernández; su modesto y simpático hijo Alejandro, llamado por su pueblo El Potrillo de México, Javier Solís - la mejor voz ranchera masculina sin lugar a dudas - y Lola “La Grande”, nuestra Lola Beltrán, son insignes figuras ligadas con sus gustos estéticos que forman parte de su vida diaria.De hecho, muchas de las canciones que interpretan éstos singulares y preclaros ídolos, las toma al pie de la letra para su no menos folklórica existencia.Muy en especial las de corte romántico, acompañado, cada vez que se pueda, de tequila, carnitas y hoteles de paso.
Gran conocedor y ferviente creyente de los milagros, de la buena suerte y de los azares del destino, es un jugador empedernido de la lotería, de pronósticos deportivos, del me late y de los innumerables juegos y tandas que en nuestro país prometen enriquecer a millones de personas quienes transcurren sus vidas con la ilusión casi religiosa de que algún día, y por obra y gracia de la suerte y el destino, se hagan millonarios y puedan vivir, ahora sí, felices y sin tener que hacer nada.Absolutamente nada.Sólo haraganear, comer, beber, fornicar y defecar.
Por último, y con una paciencia inconmensurable y por demás estoica, espera, sin otro remedio, jubilarse después de treinta años de jornadas laborales pavorosamente similares y monótonas, y vivir de manera tranquila con su pensión, su reina-vieja-chaparra-chata (sinónimos de esposa), sus hijos, sus nietos, sus comedias, sus partidos de futbol, sus luchas libres, sus copitas, sus botanas, sus movidas…Él sabe muy bien que la Virgen de Guadalupe siempre lo cuidará y que estará presente a lo largo de su vida y más allá de ésta, por los siglos de los siglos…Amén.