AVATAR: SOBERBIO FESTÍN VISUAL
Resulta en verdad toda una alucinación visual y plástica la más reciente de las cintas cinematográficas de James Cameron.
Antes que nada me resulta una formidable crítica sarcástica y descarada sobre la deleznable manera en la cual se manejan los gobiernos norteamericanos, armando y pretextando guerras por todo el mundo a diestra y siniestra. Pese a quien le pese, y cueste lo que cueste.
Desde los acentos (parecen patos graznando) de los actores gringos, hasta las actitudes de marines con musculitos fornidos y tatuados, y con cabellitos rubios a rape. Los nombres de las naves aluden a esta belicosa sociedad con gran descaro: Bravo I, Bravo II, Depredador, entre otras absurdas etiquetas.
El caso es que uno nunca deja de ubicar a los gringos atacando -en este caso un planeta llamado Pandora– más que imaginarnos que son legiones de soldados terrícolas.
Hay escenas de marines bajando de helicópteros, que nos remiten de inmediato a las no tan distantes atrocidades de Vietnam, Irak, Irán y Afganistán.
Ahora bien, el argumento, más allá de sus méritos literarios -que aunque pocos, sí los tiene- es un mosaico multicolor de historias que siempre hemos deseado volver a escuchar y ver: Por un lado la historia inolvidable de Pokahontas con ese enfrentamiento ineludible de dos culturas y civilizaciones antagónicas, en el cual, no precisamente los que consideramos civilizados, en verdad lo son; por otro lado, alusiones al Señor de los Anillos (principalmente en el lenguaje que bien pudo haber sido inventado por el propio Tolkien) y las alianzas de las tribus y clanes para establecer un frente común y acabar con la amenaza externa.
Pero por encima de todo esto, que no resulta poco, hay un mensaje de preservación y mejora de vida y valores. A saber; preservar el lugar donde se nació y se vive; mantener las tradiciones ancestrales que sustentan el quehacer existencial de cada habitante del planeta; asumir el respeto al medio ambiente; concientizar el respeto entre los que conforman una sociedad determinada, en fin, se pueden esgrimir una buena cantidad de referencias aplicables a nuestras desquiciadas sociedades actuales, bajo la lupa de esta cinta preciosista.
Gráficamente la cinta es un derroche de creatividad y sabiduría estilística inigualables. Considero que esa década que le tomó a Cameron crear su enorme fresco visual, se ve recompensada con creces en cada uno de los millones de asistentes a las salas cinematográficas que salimos con un gratísimo sabor de boca, y con la cabeza en plena ebullición de ideas y cuestionamientos.
Y aquí no deseo hablar del Oscar (si se lee mi anterior artículo en el cual se habla de este magno y fatuo evento) se apreciará que con toda intención no mencioné a la cinta Avatar más allá de lo necesario. Élla merecía un artículo aparte, independiente, en el cual se pudiera uno explayar para describir tantas metáforas visuales y connotaciones diversas.
Pero vayamos por partes:
La historia ha sido por demás criticada por buena parte de las personas que han visto la cinta. No voy a argumentar nada. Concedo cierta razón en estos juicios. Pero lo verdaderamente significativo, no son los lugares comunes de casi TODAS las historias-argumentos: el amor, el desamor, la envidia, la destrucción, el sexo, el ansia del poder y el dinero, lo beligerante de la vida… En este caso, e insisto, es el manjar visual al que uno se enfrenta -sobre todo en 3D- cuando nuestros ojos y sentidos recorren lugares, vuelos, cabalgatas, persecuciones, huidas, encuentros, destrucciones, entre otras atmósferas que se suscitan en la cinta.
Quiero reconocer que hasta cierto punto me dio gusto que Avatar no ganara los Oscar a la mejor película y al mejor director. Me resultó nada extraña la decisión de estos afanosos gringos promoviendo su país y su particular y engañosa política a como dé lugar.
Y aunque la película ganadora me agrada (The hurt locker), no dejo de reconocer que estoy harto de estos temas que involucran a la guerra y sus multifacéticas caras ojerosas y dolientes. Es cierto que Avatar se sustenta por la guerra y sus consecuencias, pero el tratamiento espacio-tiempo-lugar es diferente.
Con relación a la cinta musical de James Horne -espléndida hasta la última nota- retrata de manera elocuente y eficaz, esa atmósfera tribal primigenia de la que está teñida toda la cinta.
El trabajo de animación por computadoras es en verdad inenarrable. Me faltan adjetivos para poder acercarme al esfuerzo, imaginación y habilidad para lograr los resultados obtenidos en la susodicha película.
Casi por último, vaya mi total reconocimiento y admiración a todo el equipo que trabajara bajo la dirección del experimentado y preciosista James Cameron, por haber logrado esta película (el término cinta acaba por complacerme muy poco), y por hacer posible que uno literalmente se pierda en otro tiempo y dimensión en busca de las preguntas cartesianas capitales que le dan sentido -a la fecha- al devenir existencial y filosófico de nuestra especie. La película, en sí misma, vale infinitamente más que esta codiciada y ramplona figurilla que ha sido sacralizada y valorada por sus consideraciones eminentemente monetarias y financieras.
No en vano es una feria y premio gringos.
Recomendación final: imposible no ver Avatar.
Alejandro Herrera Parra
México, D.F. Marzo 11 del 2010.



1 comentarios:
¡Vaya poesía visual la que nos deja leer esta película! que bien vale la pena tener entre la videoteca familiar. Mi reconocimiento y admiración al trabajo de efectos especiales. Elsa B. P.
Publicar un comentario en la entrada
<< Página principal