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ENTRE LINEAS Y NOTAS Biosstars

Entre líneas y notas, artículos sobre libros, reseñas, poesía, efemérides y demás. Por: Alejandro Herrera Parra, colaborador de Biosstars International

lunes 31 de agosto de 2009

Entrevista con Mónica Lavín (escritora)


Alrededor de la palabra

Alejandro Herrera Parra.- La pregunta que de inmediato se me ocurre, es preguntarte, ¿desde cuándo y bajo qué circunstancias incursionas en la escritura como un medio para expresar tus emociones, ideas y sentimiento?

Mónica Lavín.- Yo escribí historias desde mi temprana edad, desde mis trece años; una especie de novelitas rosas en mi cuaderno Scribe… yo creo que empecé a escribir historias desde que leí historias. A los nueve años me enfermé de hepatitis y tuve que guardar cama varias semanas; eso me dio la oportunidad de leer Robinson Crusoe. Esa portentosa novela de Daniel Defoe fue la que me enseñó que yo podía estar en otro lado. Había leído otras novelas pero muy enfocadas al mundo femenino, por ejemplo Mujercitas, una colección de novelas en las cuales el personaje central era Celia, una niña como yo en ese entonces. Pero con Robinson Crusoe fue muy diferente; el personaje era alguien de otra época, un hombre náufrago, y eso en verdad fue maravilloso para mí.

A.H.P.- ¿A qué crees que se deba este particular encanto-despertar a partir de la lectura de esta novela inglesa?

M. L.- El embeleso de estar en una historia ajena me fascinó y cambió mi manera de contemplar mi mundo exterior inmediato. Por ello quise hacer mis propias historias. Claro que esto no era con la intención o la visión de convertirme en una escritora. Eso fue posterior, al mismo tiempo que estudiaba la carrera de Biología, acudía a un taller de redacción.

A.H.P.- ¿Consideras que toda esta vocación literaria también se gesta gracias al ejemplo que tuviste en casa? De seguro tus padres fueron buenos lectores, había una biblioteca en casa dónde encontrar textos interesantes. ¿Te allegaste a los libros por una influencia recibida o fue, por el contrario, del todo fortuito?

M. L.- Claro que había muchos libros en casa; mis padres sí son lectores. En efecto, los libros eran un paisaje natural en mi casa. Mis padres, por su parte, tenían algunos amigos escritores y artistas; mi madre, como refugiada española, también se allegó de ciertos intelectuales que les gustaba la lectura y que estaban alrededor de la palabra. Pero alguien que resultó fundamental en mi desarrollo, fue mi tía de origen italiano Luciana Cabarga, quien se ha dedicado al Cine, y quien me regalara justo en la edad más indicada, libros de autores suecos, noruegos, en fin, libros nada convencionales, los cuales agradezco ahora a la distancia de los años, porque fue un vínculo espléndido con la lectura.

A. H. P.- ¿Qué nos puedes decir de tu primera obra literaria formal, aunque no hubiese sido editada? ¿Fue poesía, cuento, novela…?

M. L.- Cuento… yo nací en el cuento; siempre creí que iba a ser cuentista, en el buen sentido y en el malo (sonríe), escribí unos cuentos de desencuentro que nunca fueron publicados, pero seguí escribiendo este género literario que tanto me agrada. Posteriormente uno de estos cuentos se convirtió en una novela...

A. H. P.- ¿Qué hace la niña Mónica, adolescente, bonita, alta, esbelta, con su vida? ¿Qué pasa con los galanes, con el amor, con el novio en turno? ¿Con poder ser un poco la niña nerd que escribe novelas y cuentos, y que estudia una ciencia como la Biología? ¿Qué sucede con esa muñequita que ha de allegarse al mejor proveedor para ser feliz toda su vida?

M. L.- (Ríe) Lo del buen proveedor nunca estuvo en mi esfera, mis padres fueron muy defensores de que nosotros encontráramos nuestra propia pasión con los riesgos que esto implica. Nací en el seno de una familia liberal, respetuosa de las decisiones de cada hijo. Nunca nos fomentaron una preocupación por ver con quién te juntas para tener un status y que te mantengan, sino más bien qué vas a hacer tú como persona, qué quieres tú de la vida. Esto fue muy importante para mí… ¿Qué onda con los galanes…? Siempre fui muy amiguera, a mí la gente me gusta, pero también disfruto demasiado el aislamiento. Necesito tiempos de soledad, de trabajo concentrado, y también requiero salir al bullicio del mundo y guardar el equilibrio entre ambos. Tuve novios desde los trece años, las fiestas, las bailadas, y no era tan nerd, es cierto que estudiaba bilogía, pero también era una vaga para el basquetbol y claro, ahí tienes el novio que es la estrella en el equipo y que te enseña y protege de todo y todos (ríe de nuevo). Desde esa edad me pectaba que me gustaban muchas cosas en la vida y que mi tiempo resultaba variado y jugoso, intenso, cambiante. Con el estudio de la Biología viajaba muchísimo y me encantaba ir a lugares; montañas, lagos, ríos, y conocer otros sitios más allá de mi cuadra. Y lo que me tenía fascinada era meter mis narices en muchos lados, ser curiosa, ir descubriendo cosas a cada instante.

A. H. P.- ¿Te consideras, por tu manera de vivir, pensar y actuar, una mujer libre que respeta su libre albedrío?

M. L.- Sí, pero a la vez soy una persona disciplinada y responsable que sabe que hay que luchar a diario para lograr lo que te propones.

A. H. P.- Ahora bien, ¿por qué, después de tantos estudios, análisis, artículos, ensayos, novelas, poemas; de la idolatría que existe -un poco semejante con el caso de Frida Kahlo-, escribir una novela sobre sor Juana Inés de la Cruz?

M- L.- Una amiga y yo hicimos para Clío un libro sobre las recetas culinarias que se encontraron en el convento de San Jerónimo, atribuidas a Sor Juana. Mi amiga las adaptó para tiempos y gustos contemporáneos, y a mí me solicitó un ensayo sobre esta singular figura mexicana. Yo había leído su poesía, y claro que sabía quién era Sor Juana, pero nunca había profundizado en su genio y figura. De repente, para escribir Sor Juana y su cocina, me metí de lleno en sus orígenes, en su vida cotidiana, en sus más profundas inquietudes, dudas y deseos; me intrigó mucho el origen de sor Juana, los negros en la hacienda, los abuelos andaluces, el padre vasco; por ahí me acerqué a una Juana Inés diferente o muy poco tratada. Me interesó descubrir ese libre albedrío que mencionaste, pero contextualizado en México en el siglo XVII. La asombrosa facilidad por una constante curiosidad de Sor Juan para moverse en su tiempo, haciendo cosas que más bien estaban relacionadas con los hombres; escribir, organizar administrar, estudiar y practicar algunas ciencias… en pocas palabras, el talento indiscutible de ella. Esa manera de estar en contraste y complicidad con su abuela, madre, hermanas, amigas, las cortesanas, la virreina, y ver cómo se fue moviendo a través del azar, de su talento y afán por descubrir y conocer.

A. H. P.- Como escritora, y por lo menos en esta ocasión como investigadora, ¿a qué conclusiones llegas sobre este celebérrimo personaje contestatario, rebelde, innovador, a través de tu más reciente novela?

M. L.- Sobre sus fragilidades, sus ambiciones, sus decisiones tomadas con cierta frialdad, coma la persona calculadora que fue; la indiscutible astucia de su mente. Y el que ella sea varias Juanas; un mosaico novohispano, el cual me resulta apasionante por su diversidad y ebullición. Verla en relación a las otras mujeres que la envidiaban, la odiaban y la fastidiaban cada vez que podían. Sor Juana fue la monja incómoda que provocó envidia, enojo, indignación, sorpresa… El momento de su decisión suprema entre la vida mundana con su consabido racimo de placeres, y su preferencia por la vida monástica con su estricto y represor retiro.

A. H. P.- ¿A qué crees que se deba su permanencia como un icono idealizado en nuestra frívola e ignorante sociedad? ¿Será un elemento feminista a seguir? ¿Una moda?

M. L.- A que no hubo nada después de sor Juana; hay un inmenso vacío, un manifiesto olvido, pero no es hasta el siglo XX en el que se reivindica su nombre y figura. Amado Nervo hace una biografía de ella porque estaba por completo olvidada. Y los hombres y las mujeres la miran y se acercan a ella para redescubrirla, revalorarla y admirarla.

A. H. P.- ¿Te ves reflejada en ella al momento que escribes su biografía novelada? ¿Hay elementos femeninos atemporales en los cuales te incluyes?

M. L.- Creo que sí, pero no sólo de sor Juana sino de todas las mujeres-personajes que creo en mi novela para urdir historias, emociones e ideas. Se asoma de mí, en ellas, la perpetua curiosidad. Porque a sor Juana le interesó la poesía, la astronomía, las matemáticas… esa sor Juana me gusta y en ella me identifico sin tapujos. Me fascina su extraordinaria disciplina y rigor para trabajar cualquiera de sus proyectos. Era una mujer de retos, de obstáculos a vencer; eso me agrada sobremanera y por esto me identifico con ella.

A. H. P.- ¿Cómo muere sor Juana?

M.L.- Parece, porque no hay ningún documento oficial que así lo asegure, que muere a los 46 años de edad a causa de una epidemia suscitada en el convento de San Jerónimo.

A. H. P.- ¿Qué hay de ese latente morbo al que se acercan escritores, ensayistas y lectores, con referencia a la vida amorosa y a la sexualidad de Sor Juana?

M. L.- No hay testimonios fidedignos. Es verdad que posee demasiada poesía amorosa, pero no existe un documento que asevere que estuvo enamorada de tal o cual persona. Yo creo con firmeza que tuvo que haberse enamorado de los dieciséis a los veinte años, ya que estuvo inmersa en la vida cortesana, galante, en los bailes. En mi novela la pongo a enamorarse. Ahora bien, era tan inteligente -ella sí era una nerd- (ríe) que asustaba mucho a los hombres. Yo apuesto en mi novela a que sí perdió su virginidad. También se especula que tuvo relaciones lésbicas con la virreina María Luisa Manrique.

A. H. P.- ¿Por ello decidir como título de tu novela Yo, la peor?

M. L.- En efecto, hay un momento muy dramático al final de su vida, cuando realiza sus bodas de plata con Dios, vuelve a llamar a su confesor, Núñez de Miranda, y hace una declaración de sus actos. Cuando vende todos sus libros, no es más que una fehaciente muestra de obediencia escenificada. Y cuando firma en su profesión de fe, “Yo, la peor de todas”, con sangre.

A. H. P.- ¿Cómo ha sido recibida tu novela en el medio editorial?

M. L.- He escuchado muchos y favorables comentarios de lectores que se meten en ese mundo de la segunda mitad del siglo XVII. Que se enteran de más cosas de sor Juana de las que ya sabían. Que mi novela sí aporta ideas y nuevos datos. Mis lectores me escriben y comentan varias cosas y yo me siento acompañada y halagada.

A. H. P.- ¿Cuáles son los autores que desde pequeña marcaron tu emoción y estilo literarios?

M. L.- Muchos autores norteamericanos, Jack London, Faulkner, Hemingway, Poe, y claro, el boom latinoamericano también estaba en boga y me allegué a él: Cortázar, Vargas Llosa, García Márquez, Borges… además estaban vivos y era una fascinación leerlos.

A. H. P.- ¿Algún autor europeo?

M. L.- Sí, claro, la española Carmen Martín Gaite, y varios de habla inglesa: Lawrence Durrell, Gustav Flaubert, Philip Roth, entre otros muchos, fueron y son lecturas esenciales para mí.

A. H. P.- Sin ninguna tendencia misógina -que no lo soy- ¿qué piensas de toda esta gran cantidad de mujeres que en lugar de jugar al golf se dedican a escribir; que venden millones de copias (siendo desde antes ricas) y que brincan a la fama con historias sentimentaloides y simplonas, y se presentan a sus eventos literarios ataviadas con ropa de marca como si fueran a un coctel de moda?

M. L.- (Ríe) Creo que las mujeres decidieron decir sus cosas a través de la palabra impresa. Les dio por contar historias y acudir a los talleres literarios; la mujer también, hoy en día, es mucho más lectora, tiene más tiempo libre, está más interesada en muchas cosas serias. Quizá les resulte más sencillo a las mujeres escribir porque son más confesionales, más familiares y sociales, más lamentosas. La parte buena también sería que evolucionaran a otro tipo de literatura. Esto nos mete a todas las mujeres en el mismo saco: ¡Ah, escritora!… La crítica seria no nos mira tanto a las mujeres.

A. H. P.- Por último, ¿qué le recomiendas a todos nuestros lectores de Biosstars, que desean dedicarse a ser escritores responsables y comprometidos?

M. L.- Que no lo dejen sólo en deseo, que se pongan a escribir y a leer. No quedarse en un taller por varios años, hay que tener diferentes orientaciones. Tiene que haber cierta temeridad, cierto atrevimiento por disciplinarse y compartir lo que uno escribe. Saber que lo más probable es que no ganes el concurso, que no te publiquen por tal o cual razón; pero que la tenacidad del escritor esté siempre manifiesta, fuerte, confiada. También recomendaría no estar persiguiendo el éxito, la fama, el dinero… sino que en verdad les agrade aquello que escriban, aunque sólo tengan un lector. Tú primero y luego otro para que le dé sentido a tu escrito, porque para el cajón nadie escribe. Hacer tu oficio con entrega y humildad; buscar equilibrio en la vida para fluir de mejor manera. Se trata de embarcarte como escritor y resistir naufragios y tormentas, pero que continúes en tu afán de escribir a pesar de todo. La lectura es fundamental para un escritor. Hay que leer, leer, y más leer.

2 comentarios:

Anonymous Anónimo ha dicho...

WAAHH ME ENKANTA ESTA ESKRITORA GRACIAS POR LA INTERVIEW

8 de septiembre de 2009 19:04  
Anonymous Anónimo ha dicho...

donde se pueden leer mas entrevistas del Sr. Herrera? me gusta mucho su estilo estoy estudiando periodismo.

12 de octubre de 2009 17:24  

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