HONOR A QUIEN HONOR MERECE

Por Alejandro Herrera Parra
Sin lugar a dudas, la noticia más arrolladora del día de ayer (me atrevería a decir que del año) fue el sepelio de Michael Jackson en California, USA.
Hay algunos puntos que me interesa destacar de este singular evento, el cual ha sido, en su género, el más taquillero y más visto por millones y millones de personas en todo, sí, en todo el planeta azul.
Más allá de las ineludibles lágrimas de familiares, amigos y fans de esta singular figura artística del pasado siglo XX; de la impecable organización de todo evento, y de su amplísima cobertura; el hecho de que predominara un mensaje de paz tendiente a la religiosidad y al agradecimiento al Ser supremo (cualquiera al que cada uno de nosotros desee referirse).
Esto me agradó porque considero y creo que en estos días -más bien en estas últimas décadas que hemos vivido- la gente está cundida de materialismo, frivolidad y vanidad excesiva. Siempre se agradece que haya personas que a su vez agradezcan la salud, la compañía, la amistad, el éxito y trascendencia de un artista. Llámesele hermano, amigo, ex amante, pareja o simplemente fan. También me sorprendió gratamente el giro que tomaron las cosas ante tantas calumnias -nunca sustentadas- que en vida sufriera este maravilloso negro-blanco: En particular esa mezquina persistencia de su pederastia y egocentrismo, que tanto daño le hicieron a su fama. Porque su trayectoria siempre estuvo marcada únicamente de éxitos y reconocimientos.
No pretendo parecer naif ni sentimentaloide, pero sí deseo quedarme con el beneficio de la duda, como miles de millones de personas que preferimos pensar que Jackson no incurrió en conductas tan nefastas como las que le achacan. Ahora bien, si así fuera el caso, satanizarlo menos de lo que se hace, ya que no es el único con estas tendencias sexuales desviadas. Tan sólo hay que echar un vistazo -aberración de aberraciones- a nuestro impoluto clero y darnos cuenta de atrocidades que nunca se castigan ni señalan más allá del insufrible noticiero amarillista de la noche y san se acabó.
Me sigo quedando con la imagen que se manejó ayer al medio día, de que Jackson fue un buen hijo, hermano, padre, amigo e insuperable artista.
Me quedo, insisto, con sus magníficas interpretaciones y con su insólita y revolucionaría manera de bailar; con sus donaciones (300 millones de dólares que no son simples cacahuates) a instituciones que en verdad requieren ese dinero; con el testimonio de una de sus hijas ayer por la tarde, el cual, en tan sólo diez minutos, fue visto y escuchado por más de 30 millones de personas vía Internet. Vaya de paso también mi sincero azoro y reconocimiento por esta portentosa herramienta electrónica del siglo XX.
Descanse en paz, o más bien que siga cantando y bailando donde quiera que esté, la gran, indiscutible, insustituible figura de Michel Jackson.
El Arte trasciende barreras, idiomas, credos y posturas ideológicas. No me imagino a ningún mequetrefe político en todo el vasto mundo, siendo recordado y acompañado hasta el final como este delgaducho y frágil artista estadounidense. El Arte nos vuelve a constatar que, a través del espíritu humano, los caminos son más largos e imperecederos.
Ojalá se gobernaran los países con artistas y no con truhanes hipócritas, falsos, frívolos y corruptos.
No hace mucho platiqué con un amigo filósofo quien aseguraba que, si fuéramos gobernados por filósofos y artistas, este mundo, si no mejor, estaría menos caótico de lo que ya está.
Descanse y baile-cante en paz-alegría, Michael Jackson (1958-2009)
Sin lugar a dudas, la noticia más arrolladora del día de ayer (me atrevería a decir que del año) fue el sepelio de Michael Jackson en California, USA.
Hay algunos puntos que me interesa destacar de este singular evento, el cual ha sido, en su género, el más taquillero y más visto por millones y millones de personas en todo, sí, en todo el planeta azul.
Más allá de las ineludibles lágrimas de familiares, amigos y fans de esta singular figura artística del pasado siglo XX; de la impecable organización de todo evento, y de su amplísima cobertura; el hecho de que predominara un mensaje de paz tendiente a la religiosidad y al agradecimiento al Ser supremo (cualquiera al que cada uno de nosotros desee referirse).
Esto me agradó porque considero y creo que en estos días -más bien en estas últimas décadas que hemos vivido- la gente está cundida de materialismo, frivolidad y vanidad excesiva. Siempre se agradece que haya personas que a su vez agradezcan la salud, la compañía, la amistad, el éxito y trascendencia de un artista. Llámesele hermano, amigo, ex amante, pareja o simplemente fan. También me sorprendió gratamente el giro que tomaron las cosas ante tantas calumnias -nunca sustentadas- que en vida sufriera este maravilloso negro-blanco: En particular esa mezquina persistencia de su pederastia y egocentrismo, que tanto daño le hicieron a su fama. Porque su trayectoria siempre estuvo marcada únicamente de éxitos y reconocimientos.
No pretendo parecer naif ni sentimentaloide, pero sí deseo quedarme con el beneficio de la duda, como miles de millones de personas que preferimos pensar que Jackson no incurrió en conductas tan nefastas como las que le achacan. Ahora bien, si así fuera el caso, satanizarlo menos de lo que se hace, ya que no es el único con estas tendencias sexuales desviadas. Tan sólo hay que echar un vistazo -aberración de aberraciones- a nuestro impoluto clero y darnos cuenta de atrocidades que nunca se castigan ni señalan más allá del insufrible noticiero amarillista de la noche y san se acabó.
Me sigo quedando con la imagen que se manejó ayer al medio día, de que Jackson fue un buen hijo, hermano, padre, amigo e insuperable artista.
Me quedo, insisto, con sus magníficas interpretaciones y con su insólita y revolucionaría manera de bailar; con sus donaciones (300 millones de dólares que no son simples cacahuates) a instituciones que en verdad requieren ese dinero; con el testimonio de una de sus hijas ayer por la tarde, el cual, en tan sólo diez minutos, fue visto y escuchado por más de 30 millones de personas vía Internet. Vaya de paso también mi sincero azoro y reconocimiento por esta portentosa herramienta electrónica del siglo XX.
Descanse en paz, o más bien que siga cantando y bailando donde quiera que esté, la gran, indiscutible, insustituible figura de Michel Jackson.
El Arte trasciende barreras, idiomas, credos y posturas ideológicas. No me imagino a ningún mequetrefe político en todo el vasto mundo, siendo recordado y acompañado hasta el final como este delgaducho y frágil artista estadounidense. El Arte nos vuelve a constatar que, a través del espíritu humano, los caminos son más largos e imperecederos.
Ojalá se gobernaran los países con artistas y no con truhanes hipócritas, falsos, frívolos y corruptos.
No hace mucho platiqué con un amigo filósofo quien aseguraba que, si fuéramos gobernados por filósofos y artistas, este mundo, si no mejor, estaría menos caótico de lo que ya está.
Descanse y baile-cante en paz-alegría, Michael Jackson (1958-2009)



3 comentarios:
han habido psicólogos infantiles que criticaron la aparición de los niños en la primera línea del foco informativo y aseguraron que la familia cometió un error al dejar que Paris hablara para la audiencia por ser una experiencia traumática.
Los expertos señalaron que cuando los niños sufren una situación dramática como la muerte de uno de sus progenitores, lo recomendable es mantener, en la medida de lo posible, un ambiente de normalidad en sus vidas para facilitar la asimilación de la pérdida del ser querido.
Lo guardaremos en nuestra memoria tal cual era, lo prefiero así que descubrirlo años mas tarde en la penumbra de la vida, son seres únicos y si os dais un paseo por la memoria histórica de nuestras sociedades, veréis que los que mas nos acordamos se fueron temprano, demasiado quizás. El sigue cantando...
Michael te extraño
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