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ENTRE LINEAS Y NOTAS Biosstars

Entre líneas y notas, artículos sobre libros, reseñas, poesía, efemérides y demás. Por: Alejandro Herrera Parra, colaborador de Biosstars International

miércoles 29 de julio de 2009

Entrevista con Guillermo Arriaga


EL CAZADOR DE HISTORIAS



Guillermo Arriaga: Novelista, cuentista, guionista, cazador, hombre de las calles, esposo, padre de familia, lector incansable, hombre rudo e intenso que encuentra su propia manera de sublimarse a través de las verdaderas hijas de la narrativa: las historias.


Alejandro Herrera Parra.- La pregunta inicial y obligada, ¿cómo nace en ti la idea de ser escritor?

Guillermo Arriaga.- Como nacen las verdaderas empresas que valen la pena en la vida; por las mujeres. En mi caso personal, desde niño me gustaban demasiado las mujeres pero tenía mucho miedo de acercarme a ellas. Entonces opté por escribirles cartas larguísimas y fue ahí que me percaté del enorme valor de las palabras. Recuerdo que a una de estas niñas le escribí tajante y contundente: “Te lo escribo en papel, para que veas que no podré desmentirme”. Yo tenía tan sólo once años de edad…

A. H. P.- ¿Desde esta época escribías cartas, poemas, cuentos?

G. A.- Sólo cartas, para expresar más claramente mis ideas y sentimientos.

A. H. P.- A partir de esto, ¿cómo te diste cuenta de tu talento como escritor en ciernes?

G. A.- Cuando noté que me sentía mucho más a gusto escribiendo que hablando. A los 15 años de edad escribí una obra teatral, ya que en la escuela en la que cursé mis estudios, la Mexicana Americana, era obligatorio llevar la materia de teatro. Recuerdo que decidimos montar la obra con unos amigos cercanos, y justo dos días antes del estreno, algunos profesores me dijeron que si no cambiaba el final, la obra no se representaría. Yo les contesté que no cambiaría el final de mi obra, y por eso nunca se estrenó.

A. H. P.- ¿Qué tipo de pieza teatral era, una tragedia, comedia, melodrama…?

G. A.- Era una historia basada en la vida de un tipo muy desmadroso a quien condenan a muerte, y justo cuando lo van a fusilar le disparan arriba de la cabeza; era más bien una acción para intimidarlo, amenazarlo, para darle una lección. Y él, ante esta experiencia tan fuerte, queda loco. La obra se llamó el ladrillo. Mis compañeros actores y los maestros sí querían que lo fusilaran, pero yo me negué y por ese motivo no se estrenó nunca la obra. Pero todo esto sirvió para reforzar en mi interior una idea básica que siempre he sostenido: una necesidad expresiva que manejaba a través de contar historias. Si yo deseaba dar a entender un concepto, lo hacía contando una historia. El narrar se hizo como parte actoral en mi persona.

A. H. P.- A partir de esta obra de teatro nunca estrenada, ¿inicias en otros géneros literarios?

G. A.- Durante un tiempo escribí cuentos infantiles para Mi periodiquito del periódico Novedades. (Ríe) Como tú y yo somos de la misma generación sabes a lo que me refiero…

A. H. P.- Claro, te entiendo… (reímos)

G. A.- Esto fue de los 18 a los 20 años y sí, ya tenía un firme deseo de dedicarme por completo a la literatura. Yo no provengo de un hogar católico, por consiguiente nunca escuché la palabra “pecado” en mi casa o en las escuelas a las que acudí. Para mí el verdadero pecado es la pobreza, entonces, a los 20 años, mi intención era transformar la sociedad por cualquier medio. Hoy en día me sigue indignando la pobreza, creo que es el mal a combatir. Y por ello en ese entonces quise cambiar mi vocación de escritor por la de político… pero a los 23 años se me infectó el corazón y eso me hizo replantearme todo de nuevo. A partir de ese momento no he dejado de escribir. Encontré mi verdadera vocación.

A. H. P.- Percibo que eres un hombre muy amoroso, sexuado; que las mujeres han sido un motor generador en tu vida y obra. ¿Crees que la mujer, el sexo, la sensualidad, el erotismo, siguen siendo elementos ineludibles para la creación literaria?

G. A.- Ciertamente. Es más, mi obra se compone de dos o tres temas básicos; el sexo, el amor y la muerte. Son temas que me obsesionan constantemente. Ahora bien, yo sí creo que la relación con las mujeres es lo que mueve al mundo, sin darle más vueltas ni giros filosóficos. Y entre más viejo me hago -no sé si te suceda a ti lo mismo- me pongo más animal; el concepto de animalidad pervive y bajo el manto de la civilización existen todavía resortes muy primarios, ancestrales.

A. H. P.- En el plano propiamente sexual ¿cuáles podrían ser?

G. A.- Lo que busca un hombre y lo que busca una mujer; todos los comportamientos para delimitar nuestros territorios, las miradas, los tactos, la relación de poder…

A. H. P.- ¿Consideras que dentro de las complejas y endebles relaciones humanas la apelación sexual siga imperando como esa fuerza motriz primigenia y posibilitadota de casi todo?

G. A.- Absolutamente. Considero que no estamos completos en lo absoluto hasta la complementación con el otro; a través del sexo, del amor, del compromiso… Siempre requerimos del otro.

A. H. P.- ¿Cómo se relaciona Guillermo Arriaga a los 20 años de edad? ¿Es el bicho raro intelectual o intelectualoide que pasa largas horas leyendo y escribiendo sus propias fantasías e historias? ¿Es divertido, casual, mundano, desmadroso? ¿O es aquél que se aísla por propia voluntad y se margina a sí mismo?

G. A.- Hay dos fuentes primordiales para hacer literatura: para unos es la vida y las calles; para los otros son las bibliotecas. Para mí siempre las calles y el monte fueron mis más inmediatas fuentes de inspiración. Nunca me encerré o pretendí aislarme, tampoco fui a antros o discotecas como se les llamaba en nuestra generación. Siempre estuve en la calle o cazando.

A. H. P.- ¿Por qué la cacería?

G. A.- Porque te acerca a verdades muy profundas; te da un sentido de identidad, de pertenencia con la Naturaleza. Los hombres tenemos un millón de años cazando, somos cazadores natos…

A. H. P.- Pero los hombres primitivos cazaban por una necesidad clara y precisa; alimentarse…

G. A.- Sí, pero los genes son los genes. Todos los seres humanos estamos sentados en un trono de sangre, somos la especie depredadora por excelencia. Este pantalón de mezclilla que ahora visto, lo tengo porque quemaron varias hectáreas de bosques para procesar el algodón…

A. H. P.- ¿Qué sientes al cazar? ¿Es una relación de poder, comprobarte a ti mismo varias cosas, un simple y frívolo hobbie?

G. A.- Te repito, es simple y llanamente una sensación de pertenencia. De acomodarte en el lugar que te corresponde. En la caza te gusta sentir el lodo, la lluvia, el viento, el olor a sangre, tu vulnerabilidad y la de la presa, te gusta sentir la pertenencia real de tu vida en el mundo. Te vinculas con otros cuerpos de maneras diferentes y desconocidas; los tocas, los cocinas, te los comes… es un mundo muy cruel, demasiado fuerte. Es un rito que hemos hecho los seres humanos a través de nuestro devenir.
Por ello no resulta curioso que en todas mis obras mis personajes se comporten como verdaderos cazadores. El cazador tiene que hacer una lectura rápida de todas sus circunstancias inmediatas. Mi obra completa surge de mi experiencia vital. “Amores perros” nace a partir de mi perro cofee, el cual se salía a las calles y mataba a otros perros. Nunca lo peleé, pero era un perro muy salvaje; “Un dulce olor a muerte” sale de mis experiencias con ejidatarios de Tamaulipas; “Retorno 2001” es el nombre de la calle donde viví en la Unidad Modelo, ahí están contenidos todos los personajes importantes o significativos de mi cuadra… sí, la calle es mi mundo.

A. H. P.- ¿Consideras que es el mismo lenguaje el que utilizas en un guión cinematográfico, que el de una novela o cuento?

G. A.- Tanto lo que escribo para el cine como para novela o cuento, parten de un mismo corpus, cualquiera puede darle un seguimiento de DNA a todo lo que escribo. Todas mis obras están ligadas inexorablemente. Son mis preocupaciones temáticas, éticas y estilísticas las que vierto en cada hoja en blanco. Escribo una novela o un trabajo para cine con el mismo rigor y cuidado para que suene bien el lenguaje, que tenga aliteración, que los diálogos estén bien estructurados y fluyan libremente…

A. H. P.- Al tener Guillermo Arriaga esta actitud de vida fuerte, ruda, de cazador, de sangre, de sexo, de extremos… ¿cómo se comporta en familia, cómo es con sus dos hijos, qué mensajes les da, es amoroso con su esposa?

G. A.- Soy abierto, cariñoso, cercano. A los dos los he invitado a cazar, mi hijo es un obseso de la cacería, con mi hija me cuesta mucho más trabajo. Con cada uno de ellos tengo una identificación distinta pero cordial e íntima. Ambos leen mucho, les encanta el cine, y más que todo, los dos hacen de su vida lo que realmente desean. Son jóvenes libres y responsables. Si algo aprecio de mis padres es que me dejaron hacer lo que yo siempre quise. Fui una persona libre desde mis elecciones religiosas, académicas, profesionales.
Con mi esposa comparto muchos gustos. Creo que eso es lo más importante en una relación de pareja; las coincidencias, las afinidades. Nos gusta ir al cine, a cenar, platicamos demasiado, proyectamos a corto plazo diversas cosas…

A. H. P.- Actualmente existe una generación de escritores jóvenes en la que te incluyo -porque tú y yo somos muy jóvenes- (reímos) Jorge Volpi, Jordi Soler, David Miklos… ¿Consideras que en México existe en verdad un movimiento joven literario?

G. A.- No lo creo. Desde que inicié mi carrera procuré no vincularme con tal o cual grupo literario, no pertenezco a ninguno de ellos; desde un principio hice mi carrera de escritor completamente al margen de cualquier grupo o de cualquier preocupación generacional. Mi obra, por ejemplo, no tiene nada que ver con la de Volpi, no hay referentes, conexiones, nexos, nada. Guardo muchas distancias con la mayoría de los escritores porque no encuentro coincidencias ni similitudes con relación a mi actitud de vida. Yo tengo una necesidad incesante y compulsiva de contar historias. Tengo una preocupación obsesiva por el lenguaje, siempre y cuando éste me conduzca a contar una buena historia. Soy enemigo de los escritores que dicen que el lenguaje es el protagonista.

A. H. P.- ¿Qué sucede entonces con James Joyce, Guillermo Cabrera Infante, Francisco Umbral, Alejo Carpentier?

G. A.- No son escritores que están en mi corazón. Pero si está William Faulkner. Existe desde siempre una tradición literaria que es muy sencilla, la de los contadores de historias. Yo pertenezco a ella.

A. H. P.- ¿Cuáles son algunos de tus escritores predilectos?

G. A.- Fiodor Dostoievsky, Sthendal, Leon Tolstoi, Juan Rulfo, Martín Luis Guzmán, Ernesto Sábato, William Shakespeare, Jorge Luis Borges, Ernest Hemingway, Pío Baroja, Sam Shepard, Kerouac, Bukowski…


A. H. P.- ¿Qué tanto asumes tu oficio de escritor en la vida diaria?

G. A.- En cualquier momento y lugar lo ejerzo. Siempre, siempre estoy contando historias, buscándolas, desarrollándolas. Esté donde esté. No puedo desligarme del hecho de escribir día a día.

A. H. P.- ¿Te has acercado a la poesía?

G. A.- Poco, creo que las narradores puros no somos muy dados a llevarnos con los poetas puros. Me gustan los poetas que cuentan cosas. Insisto, desde niño me explico el mundo, mi mundo, cazando y contando historias. Y el poeta no cuenta historias, sino más bien trata de extraer su propia experiencia para presentarla a través del lenguaje.

A. H. P.- ¿Estás satisfecho siendo Guillermo Arriaga?

G. A.- Sí, me acepto. Me gusta lo que hago y soy muy afortunado por poder vivir de lo que en verdad me apasiona. En mi caso, las historias, más historias, siempre las historias…

1 comentarios:

Anonymous Anónimo ha dicho...

Cuando hablo de Guillermo Arriaga, lo hago con palabras elogiantes; cuando escribo sobre sus guiones, saltan las mayúsculas para admirar su obra como guionista de "Amores Perros", "21 Gramos" y "Babel", como mano derecha del genial Gonzalez Iñárritu. Pues bien, debuta Guillermo Arriaga como director y guionista con este film. Curiosidad, ansiedad y buen dinero (pero valió lo que costó) me acompañaron al cine

1 de agosto de 2009 9:52  

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