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ENTRE LINEAS Y NOTAS Biosstars

Entre líneas y notas, artículos sobre libros, reseñas, poesía, efemérides y demás. Por: Alejandro Herrera Parra, colaborador de Biosstars International

viernes 3 de julio de 2009

Cuentos (Selección)


EL CONCIERTO

A mí.

Comenzaron a tiempo. Los compases eran seguidos al unísono por aquellos brazos que dirigían. El espacio se llenaba cada vez más de música, de alientos, de dedos. Parecía moverse al compás del sonido. Casi se podría decir que él producía todo aquello. No sentía fatiga, el júbilo que experimentaba era mayor, mucho mayor a cualquier cosa en ese instante. Incluso a los nervios, al compromiso, al engaño. El espacio se mantenía igual. Las entradas eran la mayor de las veces justas, los silencios respetados, los matices marcados; todo marchaba como debía. El primer movimiento terminó. Era una sinfonía. Hubo silencio pero faltaban tres, solamente tres y recibiría la recompensa, la aceptación o cualquiera otra cosa pero algo recibiría. El cálculo fue casi perfecto. Empezó a sudar y parecía que el hacerlo significara para él una justificación, un estímulo. El segundo movimiento, como es costumbre, fue lento y le permitió relajarse. Juntó las manos. Quietas. Parecía más cercano el final. Si tan sólo hubiera podido decidirse a tiempo y… nuevamente se rompió el silencio y los brazos reanudaron su diálogo. Cerraba los ojos y ahí estaban los cellos, los timbales, las violas, los clarinetes, las flautas, los… sus cabellos empezaron a pegarse en su frente y junto a sus orejas. Su cara dejaba ver gran cantidad de gestos y sus manos no cesaban de moverse. Era agradable. Y todo por aquella maldita indecisión. Él era responsable de todo aquello, la persona más importante del lugar. Era el Director y todo estaba bajo su control. Hubo un tercer silencio. “El último”, pensó. Había preparado toda su energía para el movimiento final, aunque le preocupaba un pasaje del comienzo que no había memorizado bien. Sería una pena equivocarse. Sonrió y le dio gusto haberse acordado casi al momento del pasaje gracias al timbal que se repite cuatro veces. Lo imaginó peor. Ahora sí faltaba poco y después... Para él todo esto era importante. Necesitaba demostrarse muchas cosas. Do, fa, sol, si, la, mi, do, re, casi el fin. Cerca. Se imaginó el final y esto le produjo más entusiasmo. Lo notó. Aquella trompeta lo anunciaba. Era la coda. El final distaba sólo de unos instantes. Todo continuaba bajo su mando. Los últimos compases estaban ahí: tres, dos, uno, el final. Toda la energía descargada en el. Hubo un gran silencio. Estaba sudando y por un momento se sintió ridículo. Esperó un instante. Afuera, alguien gritaba no se sabe qué cosas. Con todo; era una ventaja tener un tocadiscos automático.

Por: Alejandro Herrera Parra

México, D.F. 23 de marzo de 1979.

2 comentarios:

Anonymous Marcos Resendiz, MTY ha dicho...

¡Ah qué buen final!

7 de julio de 2009 18:58  
Anonymous Carlos Abarca - Guitarrista ha dicho...

Soy musico y como tal me identifico mucho con este cuento. Felicidades Biosstars y señor Herrera Parra por esta publicacion. Espero poder leer pronto mas material como este.

21 de julio de 2009 18:29  

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