CINE Y MÚSICA

Entre las entrañas de la Música
Por Alejandro Herrera Parra
Introducirse al universo musical de Zbigniew Preisner (1955), representa un inconmensurable cúmulo de imágenes, sonidos y silencios. Con un oficio indiscutible y una vena compositiva pocas veces escuchada en la historia de la música universal, este genial compositor polaco puede sacudirnos de pies a cabeza con sus tan particulares melodías. Teñido casi siempre por una cierta tristeza que refleja impecablemente la contradictoria y cambiante condición humana, las partituras que Preisner ha escrito para el cine, merecen, desde ahora, ubicarse entre las obras mejor logradas en la historia del enigmático Séptimo Arte.
¿Quién -conociéndolas- no se ha emocionado hasta las lágrimas con las melodías humanas y febriles de la cinta “La doble vida de Verónica”?, ¿quién, de igual suerte, no se ha estremecido con las músicas que le dan forma y sentido a “Blue”?, o ¿quién, rememorando su más tierna infancia, no se ha enternecido hasta el tuétano con la música de la cinta “El jardín secreto”?
Ni qué decir de las melodías soberbias que conforman ese irrepetible “Decálogo” de su también genial paisano Krzystof Kieslowski. Sin olvidar, por supuesto, el “Réquiem para mi amigo”, que Preisner le dedica a Kieslowski cuando este último fallece.
De hecho este dueto polaco representa uno de los más exitosos y propositivos que el Cine ha mostrado en los últimos cien años.
Fecundos, auténticos, creadores y altamente humanos, Preisner y Kieslowski representan a ese par de amigos-artistas que trascienden en lo individual y en lo colectivo, para bien de nuestra emoción y sensibilidad.
No hace mucho -la semana pasada- contemplé algunas declaraciones y entrevistas de este soberbio compositor en you tube.com. No me sorprendió constatar lo que yo imaginaba: Preisner es un artista congruente, sencillo, intenso y modesto. Nada que ver con algunos autores soberbios y vanidosos que andan siempre en busca del coctelitos para lucirse y hacer de su vida de burguesitos almidonados y frívolos, una pasarela simplona y decadente.
Con la música de Preisner constatamos el frío, el hambre, la soledad, el dolor de la partida del amante, la ensoñación del enamoramiento, la crudeza de la soledad, el tajo final de la ineludible Muerte.
Los invito muy animadamente a profundizar entre la música de Zbiegniew Preisner y poder conocer una dimensión artística que va más allá de las imágenes, las formas y los colores; más allá de los sonidos y los silencios. Justo allí donde se revuelcan y fornican las más sublimes y mezquinas emociones del género humano.
Por Alejandro Herrera Parra
Introducirse al universo musical de Zbigniew Preisner (1955), representa un inconmensurable cúmulo de imágenes, sonidos y silencios. Con un oficio indiscutible y una vena compositiva pocas veces escuchada en la historia de la música universal, este genial compositor polaco puede sacudirnos de pies a cabeza con sus tan particulares melodías. Teñido casi siempre por una cierta tristeza que refleja impecablemente la contradictoria y cambiante condición humana, las partituras que Preisner ha escrito para el cine, merecen, desde ahora, ubicarse entre las obras mejor logradas en la historia del enigmático Séptimo Arte.
¿Quién -conociéndolas- no se ha emocionado hasta las lágrimas con las melodías humanas y febriles de la cinta “La doble vida de Verónica”?, ¿quién, de igual suerte, no se ha estremecido con las músicas que le dan forma y sentido a “Blue”?, o ¿quién, rememorando su más tierna infancia, no se ha enternecido hasta el tuétano con la música de la cinta “El jardín secreto”?
Ni qué decir de las melodías soberbias que conforman ese irrepetible “Decálogo” de su también genial paisano Krzystof Kieslowski. Sin olvidar, por supuesto, el “Réquiem para mi amigo”, que Preisner le dedica a Kieslowski cuando este último fallece.
De hecho este dueto polaco representa uno de los más exitosos y propositivos que el Cine ha mostrado en los últimos cien años.
Fecundos, auténticos, creadores y altamente humanos, Preisner y Kieslowski representan a ese par de amigos-artistas que trascienden en lo individual y en lo colectivo, para bien de nuestra emoción y sensibilidad.
No hace mucho -la semana pasada- contemplé algunas declaraciones y entrevistas de este soberbio compositor en you tube.com. No me sorprendió constatar lo que yo imaginaba: Preisner es un artista congruente, sencillo, intenso y modesto. Nada que ver con algunos autores soberbios y vanidosos que andan siempre en busca del coctelitos para lucirse y hacer de su vida de burguesitos almidonados y frívolos, una pasarela simplona y decadente.
Con la música de Preisner constatamos el frío, el hambre, la soledad, el dolor de la partida del amante, la ensoñación del enamoramiento, la crudeza de la soledad, el tajo final de la ineludible Muerte.
Los invito muy animadamente a profundizar entre la música de Zbiegniew Preisner y poder conocer una dimensión artística que va más allá de las imágenes, las formas y los colores; más allá de los sonidos y los silencios. Justo allí donde se revuelcan y fornican las más sublimes y mezquinas emociones del género humano.



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